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CBH y otros bancos suizos salpicados por el blanqueo de fondos de la corrupción en Venezuela


Un punto clave de una investigación de Liechtenstein a Claudia Díaz extesorera de Venezuela, es el banquero francés Charles-Henry de Beaumont, quien trabajó en la Compagnie Bancaire Helvetique SA (CBH), con sede en Ginebra, al mismo tiempo que Díaz supervisaba las finanzas de la nación sudamericana. Una solicitud de asistencia judicial de 14 páginas enviada por un tribunal en Liechtenstein el 22 de noviembre de 2019 a Suiza, identifica a Beaumont como la persona “a cargo de transferir los fondos de los miembros corruptos del gobierno venezolano a Suiza”.

La solicitud responde a un caso que tuvo sus orígenes en  2014, cuando Claudia Díaz buscaba un refugio seguro para almacenar la riqueza inexplicable que había acumulado a lo largo de los años. El entonces presidente Hugo Chávez, para quien alguna vez trabajó como enfermera, acababa de fallecer y la situación política en la nación sudamericana y las relaciones con los Estados Unidos estaban en un tumulto.

Así que Díaz, presuntamente, recurrió a una de las maneras más antiguas de mover grandes cantidades de dinero de manera anónima: comprar oro.

Una empresa fantasma establecida en la nación insular caribeña de San Vicente y las Granadinas que presuntamente ella controlaba, compró 250 lingotes de oro valuados en más de 9,5 millones de dólares, según registros judiciales de Liechtenstein. Los lingotes, cada uno con un peso de un kilogramo (2,2 libras), fueron presuntamente almacenados en una bóveda privada en el diminuto principado europeo, disponibles para Díaz y su hijo cuando cumpliera 18 años. Pocos años después, un representante de Díaz vendió una cantidad casi idéntica de lingotes y la mayor parte de los ingresos fue aparentemente depositada en un banco suizo, reseñó Joshua Goodman en 2020 un reportaje para AP.

Beaumont presuntamente trabajaba con Danilo Diazgranados, un financiero venezolano que llamó la atención en 2017 por ser el dueño de la empresa transnacional que compró el fondo de cobertura de Anthony Scaramucci cuando se unió a la Casa Blanca con Trump.

El CBH, de propiedad familiar, es uno de los bancos más pequeños de Suiza, pero sus activos se han duplicado con creces hasta los 10.500 millones de francos suizos (11.400 millones de dólares) desde 2013. Los activos de los clientes situados en Latinoamérica y el Caribe representaron el 19% de sus negocios el año pasado, según los estados financieros del banco en 2019.

Pero la empresa que presuntamente usó Díaz para comprar el oro, Amaze Holding Ltd., fue registrada en junio de 2012 en la misma dirección de San Vicente y las Granadinas y unos días después que otras dos empresas —Greenhill International Ltd. y Amblia Ltd.— que presuntamente Beaumont poseía y controlaba, de acuerdo con el tribunal de Liechtenstein.

El tribunal, en su solicitud, dijo que Díaz controlaba Amaze a través de otra mujer venezolana, quien es identificada como “mujer de paja” para varios políticos y figuras de alto rango en Venezuela.

En 2018, presentaron su propia solicitud de asistencia judicial a Ginebra y acusaron al ciudadano francés de crear varias empresas fantasmas para lavar hasta 4.500 millones de dólares robados a través de acuerdos fraudulentos con divisas de PDVSA, el gigante petrolero estatal de Venezuela. Las empresas fantasmas le prestaron a PDVSA bolívares presuntamente comprados en el mercado negro, donde son tres veces más baratos. Pero fueron reembolsados en dólares estadounidenses a la tasa oficial inflada, lo que le permitía a cualquiera triplicar su dinero casi de la noche a la mañana con un “contrato falso de préstamo”, según los fiscales estadounidenses.

Los fiscales estadounidenses sostienen que Beaumont se embolsó 22 millones de dólares al cobrar una tarifa de 0,75% sobre todas las transacciones entrantes y salientes a través de CBH a las empresas fantasmas que ayudó a establecer.

“Beaumont también usó a estos corredores de dinero para recibir y mantener sus sobornos”, dijo la solicitud de asistencia judicial. Una parte de los fondos fueron utilizados para comprar una propiedad de 4,6 millones de dólares en Miami, y otra de 1,3 millones de dólares en la República Dominicana.

Mark Pieth, experto en lavado de dinero de la Universidad de Basilea, Suiza, dijo que CBH podría perder su licencia o enfrentar otra medida disciplinaria si se determina que sabía, o debería haber sabido, qué hacía Beaumont para sus clientes venezolanos. Sin embargo, los fiscales estadounidenses sugieren en sus intercambios con las autoridades suizas de 2018 que el mismo banco había sido defraudado por Beaumont.

Pieth dijo que las acciones emprendidas por CBH parecen similares a las de otros bancos suizos que han sido penalizados recientemente por no combatir la corrupción que involucra a sus clientes venezolanos. En febrero de 2020, el regulador de los mercados financieros de Suiza ordenó a Julius Baer, con sede en Zurich, a reformar su gestión de asesores de clientes tras descubrir 150 transacciones durante un periodo de nueve años que apuntaban a “fallas sistémicas” con Venezuela. Anteriormente, Credit Suisse también fue reprendido por sus tratos con Venezuela, así como por su papel en el caso de corrupción en el organismo rector de la FIFA y Petrobras, el gigante petrolero de Brasil.

“La pregunta es si CBH es mafioso o una víctima”, dijo Pieth, quien revisó los documentos del caso por petición de la AP.

CBH dijo que Beaumont renunció en 2012 y que se cree que trabajó después con varios bancos como administrador de activos independiente. Negó rotundamente que haya participado, facilitado o tolerado el lavado de dinero.

CBH “siempre ha mantenido rigurosos salvaguardas y controles internos para identificar y prevenir las transacciones ilegales, como ha sido confirmado y aprobado repetidamente por auditores externos”, dijo en un comunicado Christopher Robinson, jefe del departamento legal del banco. CBH no ha sido procesado por ningún crimen y tampoco es un blanco de la investigación de Liechtenstein.

Los lingotes de oro que presuntamente le pertenecen a Díaz representan apenas una pequeña fracción del monto total saqueado de Venezuela. Pero son un símbolo poderoso de la avaricia ilimitada que alimentó a una cantidad de intermediarios, desde administradores de activos de abolengo hasta algunos de los bancos más antiguos de Europa.

Los lingotes de oro se mantuvieron dentro de la bóveda privada número G1, en Liemeta AG, que Díaz alquiló en 2014 por unos 20.000 francos suizos (21.700 dólares) al año, según la solicitud del juez Roger Beck del tribunal en Liechtenstein. El acceso a la bóveda estaba restringido a Díaz y su joven hijo después de que cumpliera 18 años.

Pero Díaz autorizó a un financiero de dos generaciones de banqueros suizos a retirar el contenido de la bóveda, lo que presuntamente realizó en dos transacciones —en diciembre de 2014 y noviembre de 2015—, según la solicitud de Beck.

El magistrado dijo que el paradero de las dos pilas de 120 y 130 lingotes “no pudo ser establecido”. Pero señaló que a partir de 2018, el intermediario vendió una cantidad casi idéntica de oro por más de 9,5 millones de euros. La mayor parte de los ingresos de esas ventas fueron depositados en la filial suiza del Banque Internationale à Luxembourg SA. Pero 90 kilogramos de oro fueron recogidos por Daniel Vogt, cuya firma familiar David Vogt & Partners, selló documentos involucrados en las transacciones, según Beck.

Vogt dijo en un correo electrónico que su firma no tenía conocimiento de las transacciones que involucraban a Díaz. Dijo que su firma, que no es objeto de la investigación, no tiene clientes en Venezuela y está cooperando plenamente con las autoridades.

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