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La historia de cuentos de hadas de la pareja de “aristócratas” Henry Roper-Curzon y Hanna Jaff termina en acusaciones de engaños mutuos y violencia


Hanna Jaff había puesto ya un pie en la casa real británica. Tras conocer a Henry Roper-Curzon, heredero del barón de Teynham y Pylewell Park y casarse en una boda de ensueño, la empresaria y filántropa se había convertido en un referente para la alta sociedad mexicana, reseñó Micaela Varela en EL PAÍS. Ella se mudó a Inglaterra y su enlace con el futuro Lord del pasado febrero de 2020 parecía ir como la seda. Sin embargo, en las revistas del corazón el matrimonio ha dejado ver lo rotos que están los suyos. La crisis personal que ha derivado en una disputa económica por las deudas de la familia Roper-Curzon y el sospechoso linaje de Jaff. El cuento de hadas se desvanece entre acusaciones de mentira sobre dinero, abolengo, incluso el nivel académico de sus protagonistas.

Jaff ya era una figura pública reconocida en la prensa de chismorreos mexicana antes de vincularse con la familia lejana de la reina Isabel II de Inglaterra. Los tabloides de México la llamaban “la princesa kurda” por su ascendencia y relaciones con Oriente Medio. En el reality show de la sociedad mexicana de Netflix llamado Made in Mexico, Jaff se presenta en un brunch con el que donde se recupera de una lucha de esgrima como una filántropa que, después de ayudar a refugiados en Londres, volvía a México en 2018 para asistir a las víctimas del terremoto. “A mí me encanta ayudar a los demás. Por eso lo voy a hacer [participar en el reality], para sacar mi historia ahí fuera e inspirar a la gente”, se describía a sí misma, orgullosa ante las cámaras en medio español y medio inglés. Aprovechó también para enumerar la larga lista que integra su currículo: títulos varios en Criminología, Psicología y Ciencias Políticas conseguidos en Harvard y La Sorbona.

Es esto lo que levantó las sospechas de su familia política. Henry Roper-Curzon, primo de las princesas Beatriz y Eugenia de York, contó al Daily Mail que cuando fue a visitarla a México una madre con un niño mexicano aparecieron “de la nada” para agradecerles que les hubiera enseñado inglés. “Es un poco aleatorio que en una ciudad con millones y millones de personas esta familia esté aquí en el momento exacto en que salimos del carro”, le comentó él. “Bueno, Harry, tengo muchos admiradores”, respondió ella.

A partir de ese momento, la familia Roper-Curzon comenzó a investigar el linaje y la educación de Jaff, esos de los que tanto presumía. “Mi madre fue la que comenzó a detectar muchas cosas que no cuadraban. Comenzó a cavar y luego, mi hermano y mi hermana, y luego un amigo de la familia que vive en México ayudó mucho”, detalló Roper-Cuzón en una entrevista, quien describe a su mujer como una experta en autopromocionarse. “Me dio esta gran perorata de que era de la nobleza kurda, que su padre era el líder de la tribu Jaff, que tiene cinco millones de miembros. Sabía que no era una realeza normal porque es una tribu, pero me interesan otras culturas y pensé que era interesante”, añadió. Le propuso matrimonio y se trasladaron a Gran Bretaña tras las nupcias. La residencia de la familia Roper-Curzón es en Pylewell Park, una residencia de campo aristocrática que acumula 20 millones de libras en deudas y pertenece desde 2019 a fondos de inversión. Pero el padre de Henry tuvo que mudarse para que fuera usada como local de bodas.

Lejos de comenzar la fantasía de princesa por sorpresa en Inglaterra, Jaff relató a la revista Quién que fue engañada, que su marido no había estudiado en Oxford y que la extorsionaba para que pagara sus deudas. Llegó a contar que estaba siendo víctima de la misma desgracia que vivió la princesa Diana o Meghan Markle. “Sufrí de violencia doméstica, racismo y extorsión y, cuando salí con la verdad, Henry empezó a amenazarme con demeritar mi palabra y mi persona para que nadie me creyera, lo bueno es que tengo los videos y los audios y eso no miente”, contó en una entrevista exclusiva. El futuro barón mantiene que nunca le puso un dedo encima. Una amiga anónima de la empresaria narró a la misma revista que Roper-Curzon adoptó una actitud de “nuevo rico” al casarse y usaba continuamente las tarjetas de su esposa. “Creo que ese fue el gran problema, él estaba desesperado por encontrar a alguien con dinero que pudiera pagar su deuda, sacar ventaja de esa persona usando su carta de ser aristócrata, y cuando tuvo éxito fue cuando cambió”, aseguró.

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