El Confidencial: El Barça, a un paso de la quiebra: el momento exacto en que se torcieron las cuentas


“El Barça ha sufrido una crisis de liquidez que derivó en una crisis de deuda. Lo que ahora tiene por delante es una crisis de solvencia, que es el episodio final”. El prestigioso economista José María Gay de Liébana comienza así su charla con El Confidencial cuando se le pregunta por el momento que vive el Fútbol Club Barcelona. Su situación económica no solo amenaza su continuidad como equipo de alto nivel, sino su propia pervivencia. Las elecciones del próximo 24 de enero designarán a un nuevo presidente que tendrá la difícil tarea de oxigenar las ahogadas arcas del club al mismo tiempo que se forma un nuevo proyecto deportivo, reseñan Alberto Ramírez y Alfredo Pascual en El Confidencial.


Todos conocemos la situación del Barça, pero pocos son capaces de señalar exactamente cuando empezaron a flaquear las cuentas del club de fútbol que más ingresa del mundo.

“El Barça se lanza a la compra de jugadores, tras la venta de Neymar, que no han dado el resultado esperado. Dembélé, Coutinho, Griezmann… Son 400 millones de euros en fichajes que no te están sirviendo, y parte de esos traspasos entran también en la deuda a corto plazo”, expresa Gay de Liébana cuando se le pregunta por el punto de inflexión. Marc Ciria i Roig, economista que llegó a ser baza en la candidatura de Joan Laporta en el 2015, también apunta a aquel dichoso verano del 2017: “La salida de Neymar”. El Paris Saint-Germain ejecutó la compra vía talonario del extremo brasileño dinamitando el proyecto deportivo blaugrana, que recurrió a dos traspasos muy por encima de su valor de mercado, Dembélé (105 millones más 45 variables) y Coutinho (120 millones más 40 en variables).

“El club se encuentra con una sola salida, un pago de cláusula de recisión que le obliga a dejar ir al jugador. Para contrarrestar el efecto de su marcha, en lugar de apostar por un modelo deportivo, se apuesta por jugar a la Playstation. El Barça se empieza a cargar de deuda a corto plazo, más una serie de renovaciones a los cracks del equipo para subirles las cláusulas y que no vuelva a pasar lo de Neymar. Esto da lugar a una masa salarial desorbitada”, asegura el especialista en banca. Fue en ese momento cuando se empezaron a sobrecargar los balances, aunque para entonces la deriva del club inquietaba: “Ese año 2017, aunque las líneas de tesorería ya estaban tensionadas, la dirección del club pierde un poco el norte y se endeuda por encima de los niveles de coherencia”, dice Ciria.

Ese mismo verano el Barcelona renovó, entre a otros jugadores, a Leo Messi. Otra vez, sí, aquella fue la octava. El argentino pasó a tener una cláusula de recisión de 700 millones de euros, el asterisco en su contrato que no le permitió abandonar el club este verano, aumentando una ficha que alcanza los 100 millones al año. “En esa temporada el gasto de personal deportivo pega un salto bestial, es una barbaridad. Aumenta en casi 200 millones, no me lo puedo explicar”, confiesa en declaraciones para El Confidencial Albert Deulofeu, economista y fundador de Marca Cardinal. El capitán del Barça ya cobraba en ese momento salario importante, el más alto de la escala del vestuario, y aquello hizo añicos el techo salarial del club. El coste deportivo, desgranado entre la masa salarial del club y las amortizaciones (dinero que año a año se ha ido pagando de pasadas compra), ha ido creciendo parejos a los ingresos netos hasta la temporada 2017/18, cuando se disparó.


"Los grandes clubes funcionan así", explica Gay de Liébana, "gastan muchísimo dinero porque saben que tienen un flujo constante de ingresos. El problema es cuando ese flujo se detiene, como pudo pasar con el coronavirus o con otras circunstancias en menor medida, porque los equipos no tienen herramientas para recortar sus gastos, una gran parte de ellos son costes fijos. Entonces, cuando deja de entrar el chorro de dinero, la estructura se viene abajo rápido".


“El mandato de los dos últimos presidentes, los de la última década, ni Rossell ni Bartomeu han estado a la altura, pero el gran declive ha venido de los cinco años de la última directiva. Todo se explica por los gastos, están fuera de control y han provocado un incremento de la deuda”, resume el historiador de fútbol y economista David Valero Carreras. Remata el argumento Gay de Liébana: “En la 2018/19, el Barça tenía casi el doble de masa salarial que el Madrid, aunque es verdad que el Barcelona tiene más secciones que el Madrid y por lo tanto una estructura mayor de costes, hay jugadores que son realmente caros y que no están siendo rentables”.

“¿De qué me sirve facturar mil millones si gano dos?”, pregunta retóricamente Marc Ciria al poner los ingresos récords que en las últimas cinco temporadas presentaba el Barcelona a diario. El economista incide en el maquillaje financiero utilizado por la directiva de Josep Maria Bartomeu en algunas operaciones. Por ejemplo en el trueque de porteros, Cillessen-Neto, que el Barcelona efectuó con el Valencia en el pasado 2019, cuando ambos fueron intercambiados por un precio de entre 25 y 30 millones. “La venta la sumas en las cuentas automáticamente, pero el activo puedes amortizarlo en los años de contrato. Yo compro a Neto, si tiene un contrato de cuatro años, lo puedo amortizar el precio y dividirlo en los siguientes años, mientras que la venta de Cillessen son 30 millones de ingresos, pero a mi bolsillo no va nada, en realidad me estoy endeudando más. No cobro nada y difiero una compra, los próximos años afrontas el contrato”, explica Ciria. En ese mismo sentido, Gay de Liébana señala los problemas de planificación deportiva de los blaugranas: “La inversión en un jugador es la misma que una empresa hace en una máquina, tiene que hacer su función eficazmente durante un tiempo determinado. Si se firma a un jugador para 5 años, significa que el club considera que esa es su vida útil y al año sexto tiene que tener otra máquina, porque si no entramos en obsolescencia. Lo que sucede es que muchos jugadores son capaces de imponer unos contratos que a los clubes no les interesan”.

El Barcelona todavía no ha hecho público el balance de las cuentas de la pasada temporada. Los socios solo tienen acceso a unas cifras exhibidas por el club en un Powerpoint. La comisión gestora, por su parte, confirmó que existen facturas de las que no se conoce con exactitud su validez y de las que no se harán cargo, al menos de momento. Entre os precandidatos cude la inquietud respecto al tamaño de la deuda que acabará por heredar el futuro presidente de la entidad. “El volumen de la deuda supera los 1.000 millones”, estima Gay de Liébana. A Valero Carreras le preocupa más cómo se va a hacer frente: “La deuda es difícilmente pagable por la incapacidad de generar beneficios”.


Según las cifras no oficiales trasladadas por el Fútbol Club Barcelona, el final del curso 2019/20 se cerró con un patrimonio neto (diferencia entre el activo y el pasivo) de 35 solo millones de euros, advirtiendo que el covid-19 había significado una pérdida de 97 millones en este apartado. Muchos aficionados han interpretado que, si el Barcelona vendiese todo lo que tiene y lo usase para pagar deudas, solo quedarían 35 millones limpios. No es así. Lo explica Gay de Liébana: “Hay que tener cuidado con los activos, porque en ellos no se contabiliza el valor de los canteranos. Esto es, Ansu Fatim Piqué o Messi no figuran como activos, aunque es obvio que el club podría sacar cientos de millones vendiéndolos. Al respecto, me acuerdo de los años de Núñez, que incluía en las cuentas un anexo con el valor de la plantilla".

Sin embargo, tampoco los activos reflejados en las cuentas conservan su valor: “Jugadores que compro por un valor de 100 ó 120, Coutinho o Griezmann, tienen a día de hoy un valor de mercado sustancialmente más bajo. Su valor contable no refleja la realidad, cuando lo vendas tendrás una pérdida añadida. Muchos clubes se esperan temporadas para poder amortizar año a año y que el gasto quede más diluido”, resalta por contra Deulofeu.


Para el doctor en Economía y Derecho Gay de Liébana, el virus ha sido mucho más lacerante de lo previsto: “Creo que el Barça habría aguantado sin pandemia”. No obstante, el descontrol financiero acabó por crear un escenario con pocas soluciones. “Ruina es un término poco financiero, lo que sí es cierto es que los números son muy malos. El club no es capaz de sacar beneficios por su propia actividad ordinaria, lleva varios años que, para dar un resultado positivo, había que incluir venta de jugadores”, reflexiona David Valero, que también lamenta los traspasos a final de temporada cuya finalidad era “dar la vuelta a las cuentas”. “Y en el último caso, la transacción Arthur-Pjanic, con la sospecha evidente de que el precio no es de mercado, sino que está inflado y la cuenta de resultados así lo requiere”.

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