Residentes madrileños se enfrentan a cocinas fantasma instaladas por empresa vinculada a Travis Kalanick, el polémico fundador de Uber


"Nos han montado 38 cocinas fantasma en el patio. No tiene ningún sentido". El que cuenta esto es Javier, residente del madrileño barrio de Prosperidad, una zona que, si nada cambia, dentro de poco contará con una de las mayores ofertas gastrónomicas por metro cuadrado de la ciudad. Quién sabe si finalmente serán 40, 50 o 60 los restaurantes que empezarán a operar allí. Eso sí, todos virtuales, reseña Michael Mcloughlin en El Confidencial. Pensados para surtir los pedidos de plataformas como Glovo, Deliveroo o Uber Eats, compañías que viven instaladas en una suerte de eterno agosto desde que se decretase el confinamiento en España, cuando se disparó la demanda de comida a domicilio. "Esto tendría que estar en un polígono industrial o en una nave independiente, pero no en una zona residencial".

"El problema de esto no solo es el olor o el ruido, es el tráfico y el movimiento que va a generar durante todo el día en la zona. Que han pedido permiso para funcionar desde las ocho de la mañana a las dos de la madrugada. Ahora, nuestras viviendas están literalmente encima de una fábrica", se queja.

"Se nos está quedando la calle bien, todo negocios de alto valor agregado", comenta Luis Ángel, vecino de Javier. Enfrente se ve una casa de apuestas. "Esto era una oficina bancaria. El bazar que había ahí delante es un salón de juego. Allí al fondo, en el edificio blanco, hay otro local así. Joder, parece que aquí solo vivimos ludópatas. Ahora van y nos cuelan esto".

El lugar escogido para esta colmena de cocinas es el interior de una manzana acotada por las calles Zabaleta, Quintiliano, Cartagena y Canillas, en el distrito de Chamartín, muy próxima al intercambiador de Avenida de América. Dos locales conectados que suman un total de 1.500 metros cuadrados que antes estaban ocupados por un supermercado. Los vecinos llevan en pie de guerra desde que se enteraron de lo que allí se estaba cociendo. "Esto se decidió en una junta de vecinos a mediados de marzo", explica Javier. Él no acudió porque a pesar de que son varias las comunidades afectadas, solo la que tiene en su parcela los accesos al local es la que tenía que dar el visto bueno.

La votación se celebró el 13 de marzo, a pesar de que los colegios ya habían cerrado en la Comunidad por la emergencia del covid y la gravedad de la situación era patente. No había ningún otro punto en el orden del día. Esto en realidad suponía un trámite, puesto que la familia propietaria del espacio cuenta con varios inmuebles y mayoría de votos. El resto de vecinos presentes se posicionó en contra.

"Todo se ha hecho con total opacidad. Preguntabas a los obreros a ver qué estaban haciendo y te decían que unos trasteros, otro día que era confidencial y otro día te mandaban directamente a preguntar al distrito si querías saberlo".

Algo que confirma la portera de una de las fincas afectadas. "Cuando vinieron a explicarnos el proyecto aquel día, lo hicieron de aquella manera. Nos hablaron de un obrador. En ningún caso nos dejaron claro qué iban a montar. Pero cuando empiezas a notar las vibraciones y ves las máquinas que estaban metiendo dentro, pues te das cuenta de que esto no era lo que te habían contado".

José Luis señala justo delante de su ventana una enorme columna acoplada a una de las fachadas interiores del edificio. Se trata de una enorme chimenea industrial que están construyendo para la salida de humos y climatización. Por normativa, debe superar la altura de las viviendas colindantes. "Esto es un quinto. Nos quita bastante luz, pero imagínate las chicas del primero. Nosotros tenemos suerte y todo", critica.

Las diferentes comunidades han trasladado a la Agencia de Actividades del ayuntamiento varias reclamaciones sobre incidentes que aseguran estar generados por estas obras. Desde vibraciones por el uso de maquinaria hasta grietas y desconchones que están apareciendo en los diferentes inmuebles. Una de las vecinas se despertó y se encontró el agua entrando a borbotones en su casa, un bajo interior que da al patio. Todo ello, producto de filtraciones por los trabajos de cimentación de la mencionada chimenea que se habían realizado en esa parte del edificio.

"Está bonito el nuevo 'skyline' de Prosperidad", comenta Luis Ángel cuando nos enseña el torreón desde una de las azoteas. "Ahora les han obligado a cubrirlas, pero hasta hace nada tenían máquinas industriales de climatización instaladas sobre la cubierta, ahí al descubierto". Lamentan que no se haya aprovechado el cambio de actividad para renovar la cubierta y hacerla más amable para los vecinos. Tras múltiples quejas, peticiones de información (muchas de ellas aún sin respuesta) y llamadas a la Policía Municipal, que se personó y levantó acta en más de una ocasión, consiguieron saber qué empresa estaba detrás de estas cocinas industriales: Cooklane.

Se trata de una compañía que se anuncia con presencia en Madrid, Barcelona y el resto de Europa. Como ha podido comprobar este periódico y han confirmado fuentes conocedoras de la empresa, en realidad actúa como una subsidiaria que forma parte de una red de empresas que cuelgan de Cloud Kitchens.

Tras este nombre, se esconde la 'startup' de cocinas fantasma que impulsó Travis Kalanick, el fundador y ex CEO de Uber, tras su polémica y nada agradable salida de la compañía californiana. Lo que persigue esta firma, de la que Kalanick maneja más del 50% del accionariado, quiere montar una suerte de Wework pero con las 'cocinas fantasma'. "Había mucha gente metida en el tema del 'real state' [construir/adquirir propiedades para posteriormente alquilarlas] para 'delivery' antes de la crisis, pero estos han llegado con una estrategia muy agresiva. Demasiado", explican fuentes conocedoras de estas operaciones inmobiliarias. Uno de los que dirigen la subsidiaria en España es el exmandamás de una de las franquicias de comida rápida más conocidas a nivel internacional en el mercado patrio. Desde El Confidencial se ha contactado con esta empresa para recabar su postura por estas reclamaciones, pero a la hora del cierre de este reportaje no se había pronunciado al respecto.

Gracias a su web, la información pública de la página de licencias del Ayuntamiento de Madrid y los anuncios que la propia Cooklane ha publicado en portales inmobiliarios, los afectados han conseguido hacerse una idea muy certera de lo que está ofreciendo. Se trata de cocinas de entre 16 y 22 metros cuadrados cada una. Por una de 18 m2, se pagarían 2.600 euros al mes. Según la documentación, se alquilan con horno, fogones, freidora, plancha, termos, equipo de extracción de humos y, en algunos casos, asador. A todo esto, hay que sumar los frigoríficos, congeladores y sistemas de climatización. En los anuncios de webs como Idealista, se puede averiguar que también preparan una 'promoción' en la zona de Les Corts de Barcelona. En todos los casos, las imágenes que se incluyen son fotos de archivo que no coinciden con el local en cuestión.

Como explican en la página de Cooklane (la única referencia que hacen es a cocinas para 'delivery' , estos espacios de trabajo también estarán equipados con un 'software' que permite gestionar los pedidos, manejar estadísticas y estar conectados con las principales plataformas como Uber Eats, Glovo o Deliveroo. En realidad, este desarrollo es una adaptación de Otter, otro producto de Cloud Kitchens y Travis Kalanick, que también comercializan a franquicias y cadenas de restauración.

El consumo esperado cuando entre en funcionamiento es tan alto que han tenido que renovar la infraestructura eléctrica, ya que la que surtía al supermercado no tenía suficiente músculo. Algo que ha obligado a levantar parte de la calzada y la acera en un tramo de 200 metros para traer el tendido desde el transformador eléctrico situado en una calle aledaña.

No es la única actuación que esta empresa ha llevado a cabo en la capital. La otra se encuentra en el barrio de Berruguete, en una zona de edificios más bajos y negocios como talleres, muy diferente al entorno de Prosperidad. El local, que tiene la entrada en el número 10 de la calle José Calvo, tiene menos cocinas que las que están proyectadas en Prosperidad. Si uno busca en Google 'Cooklane Madrid', entre los resultados, uno de ellos le refiere a esta ubicación. Si busca en Uber Eats, le refiere a varios restaurantes virtuales de comida china, africana, mexicana... de los que no hay más rastro en otros lugares de la capital.

Algunos vecinos han interpuesto quejas varias irregularidades ante la administración. Destacan, entre ellas, la de permitir empezar las obras en julio tan solo con una declaración responsable. Algo que, según fuentes jurídicas consultadas, corre el riesgo de generar incompatibilidades, como ocurrió con algunas modificaciones que se han realizado en esta finca, como cambios en muros de carga. Lo más adecuado, indican estas voces, es obtener la licencia de obra mayor, pero lo que te permite la fórmula de la declaración responsable es acelerar y acortar los plazos. Desde el Área de Desarrollo Urbano del del Ayuntamiento de Madrid, dirigida por el concejal de Ciudadanos Mariano Fuentes Sedano, aseguran que estos errores fueron corregidos.

"Cuando los técnicos de la Agencia de Actividades realizaron la correspondiente visita de inspección, declararon ineficaz esa declaración y paralizaron las obras", explican desde este departamento. Los trabajos estuvieron aparentemente parados durante casi un mes y se retomaron el pasado 20 noviembre, ya con licencia de obras, tras comprobar lo presentado por la compañía. "Cuando finalicen las obras, se volverá a hacer otra visita para ver si lo hecho se ajusta a lo concedido". Ese último examen es necesario para dar la licencia de primera ocupación y que "puedan empezar a funcionar", explican desde el consistorio. Cuando se les pregunta acerca de las quejas sobre si ese lugar es el idóneo o no para un negocio así, exponen que las licencias "son procedimientos reglados", que si se solicitan y cumplen con todos los requisitos de la normativa de urbanismo, "hay que concederlas".

Los vecinos han entrado en contacto con Más Madrid, principal grupo de la oposición, que pretende que este tema entre de lleno en la agenda política de la capital en las próximas semanas. El partido matriz de la formación Más País, de Íñigo Errejón, pretendía llevarlo este mismo martes a la Junta de Distrito de Chamberí, pero su petición fue rechazada por carecer este órgano de competencias en la materia.

"La Prosperidad no es un polígono", asegura a este diario Rita Maestre, portavoz de la formación en el ayuntamiento, y acusa al equipo de José Luis Martínez-Almeida de "ignorar" las quejas de los vecinos sobre la instalación de esta colmena de cocinas. "Es inaceptable que calles de cinco metros de ancho, cercanas a una escuela infantil, un colegio o un hospital, sean el epicentro durante casi 24 horas de descarga de camiones, motos de reparto, humos y focos de calor". Mar Barberán, concejala del Distrito de la formación, que ha seguido el caso más de cerca, muestra su sorpresa porque el ayuntamiento "no se pronuncie sobre unas obras de esta envergadura, con el perjuicio vecinal" que se está causando.

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