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Un acto como el de Adolfo Russo demuestra cómo la violencia de género sigue prevaleciendo en Venezuela gracias al dinero y las influencias


Por Eliseo Montes | Opinión

La violencia de género sigue estando presente en  Venezuela. Los habitantes del conjunto habitacional Casas Bote C, en los canales de la ciudad de Lechería, municipio Urbaneja del estado Anzoátegui, presenciaron un espectáculo dantesco y bochornoso, cuando contemplaron una escena de violencia física y psicológica que ejerció, un ciudadano de nombre Adolfo Javier Russo, de 31 años de edad, que ha habitado en ese lugar durante más de seis años con su respectiva pareja, madre de su hijo de tres años, a quien pretendió desalojar de la manera más baja y ruin, sacándole sus pertenencias y cambiando la cerradura de la vivienda, dejándolos en la calle en un estado de indefensión total, cuando ella se encontraba formulando la denuncia de los delitos de los que ha sido víctima.

Gracias a la intervención de profesionales del derecho que se encontraban presentes en la institución a donde acudió la víctima, estos hicieron valer sus derechos, ante el Ministerio Público. Y hoy se encuentran bajo una medida de protección, tanto ella como su hijo.


Los vecinos del Casas Bote C se han pronunciado contra esos actos, que opinan van contra la moral, las buenas costumbres y el buen vivir ciudadano en el conjunto habitacional.

Los vecinos han conocido por fuentes extraoficiales que el padre del maltratador de mujeres, de nombre Adolfo Russo, valiéndose de su amistad con altos jerarcas del actual gobierno de Maduro, ha movido toda clase de influencias para que su hijo, habiendo sido detenido por la policía de Urbaneja, y con programación para ser presentado al día siguiente en tribunales, misteriosamente fuese puesto en libertad plena a las 10:30 de la noche el mismos día de su detención, gracias a su poder económico. También han tenido información que en la liberación del maltratador habrían participado militares de alta jerarquía en Anzoátegui y Guárico.

Hoy la infortunada mujer maltratada, junto a su hijo, deambulan haciendo frente a la sombra de la maldad, asechados por las influencias del poder político y económico en un país bizarro como el que se ha transformado Venezuela.

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