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Los amos de Lechería quieren seguir repartiéndose en Las Villas la devastada ciudad | Venezuela


Por Elizabeth Méndez | Opinión

Por estas fechas se impone en Venezuela, contra todo pronóstico y amparados por un tribunal, una nueva junta directiva en la urbanización Las Villas, municipio Diego Bautista Urbaneja del estado Anzoátegui.

No han sido suficientes las demandas de nulidad de un proceso de elecciones viciado, en donde lo más importante han sido las apetencias de grupos que durante años han querido mostrarse cual si fueran dueños de la ciudad de Lechería, capital del municipio Diego Bautista Urbaneja.

El municipio Licenciado Diego Bautista Urbaneja comienza a ser estructurado desde 1971 cuando se da inicio a la construcción de un complejo urbanístico conocido como Complejo Turístico El Morro, el cual integra por medio de canales de agua marina, diversas urbanizaciones inspiradas por el ingeniero Daniel Camejo Octavio. Pero antes de esto, sus áreas dependían, en su división política territorial, de municipios y ciudades vecinas, como Barcelona y Puerto La Cruz.

En su creación, el Complejo Turístico El Morro era único en su tipo en Venezuela y el más avanzado en ese momento en Latinoamérica. La construcción del proyecto constó del dragado y edificación de canales de navegación, estableciendo parcelas para el desarrollo de urbanizaciones y otras áreas.

Paradójicamente los mismos grupos han intentado ahora asumir el control de la Urbanización Las Villas, décadas después de haberse iniciado la construcción del Complejo Turístico El Morro, financiada por bancos privados ya desaparecidos, como el Banco Latino, Grupo Financiero Creceahorros y otros, cuyos activos pasaron a manos del Fondo de Protección Social de los Depósitos Bancarios (FOGADE) y se los terminaron apropiando esos grupos.

Pero no es solo el control de Las Villas, sino también de aquello que esto implica, como los planes de desarrollo de marinas, campos de golf privados y de proyectos rentables, sin invertir capital propio o invirtiendo en parcelas que no son propias.

Los mismos grupos permitieron que se desviara el uso, de forma irregular, de un espacio que inicialmente estaba concebido para el Centro Sirio Venezolano de Puerto La Cruz. También permitieron que un hotel localizado cerca del Centro Sirio, quebrara y se convirtiera en un monumento a la desidia. Se trata también de los mismos que permitieron que se construyeran hoteles alrededor del Centro Sirio Venezolano violando variables urbanísticas. Estos mismos permitieron que en esa zona se produjeran invasiones de edificaciones que no habían sido concluidas y que los invasores se apropiaran de estos. Pero también permitieron que un proyecto que era ecológicamente sustentable, como el de los canales de navegación, que se alimentaban con agua del río Neverí y contaban con un sistema de bombeo y filtrado para mantener la salubridad del agua, fracasara, gracias al vertido de aguas residuales de lugares circundantes como, las zonas altas de la ciudad de Puerto La Cruz.

Se ha tratado también de los mismos grupos que se apoderaron de áreas de uso compartido, que luego utilizaron para construir casas, pequeñas edificaciones, Casas Bote o palafitos. En muy pocas circunstancias y ocasiones en los proyectos se desarrollaron, como estaba previsto, las áreas verdes y canchas de uso comunitario. Varias de éstas no tuvieron tal uso, pues quedaron encerradas dentro de urbanizaciones del complejo turístico.

Son también los mismos que se tomaron para ellos áreas de uso compartido donde se encontraban garitas de vigilancia y seguridad, para instalar kioscos comerciales, que alquilaban o les asignaban a terceras personas. Se apropiaron de áreas en las entradas de los campos de golf, que también eran áreas de uso compartido, para que fueran instalados diferentes kioscos comerciales, que luego llamarían el kiosco de Mary o Caztor Café. Esto solo por mencionar algunos.


Han sido los mismos que, por ejemplo, no permitieron que se desarrollara un proyecto en Playa Cangrejo de Lechería, de construcción de un puente elevado, donde el agua de la bahía oxigenaría el área de la llamada Playa Mansa en El Morro.

Uno de los pocos proyectos que logró sobrevivir fue el de la Marina Imbuca, ubicada en el Cerro El Morro, que estaba en manos de uno de esos grupos, hasta que fue subastado y comprado por un empresario en sociedad con un banco privado.

Los mismos grupos también permitieron que fuera saqueado el Hotel Vista Real, localizado en el Cerro El Morro, donde fueron desvalijadas las obras de arte, hasta convertirse en otro monumento a la desidia, como también sucedió con otro hotel localizado cerca de una escuela de velerismo; y que también acabaron con la propia escuela deportiva.

Han sido los mismos que permitieron que a lo largo de Playa Lido, en una vía que originalmente era una salina, se construyeran restaurantes, en áreas donde no estaba permitido, apropiándose también de kioscos de seguridad. Fue de la misma forma que permitieron que allí, en áreas de uso compartido, se levantaran bares y tugurios, con poco atractivo turístico y a veces con el simple argumento de vender sopas o licores.

Esos mismos grupos permitieron que la Marina Américo Vespucio cayera en poder de narcotraficantes o que la Urbanización Pueblo Viejo creciera fuera de los límites originalmente establecidos y vertiera sus aguas residuales en los canales de navegación del Complejo Turístico El Morro.

Fueron los mismos que se adueñaron de la Urbanización Puerto Morro, de espacios del desaparecido Hotel Doral Beach y de parte de las áreas de uso compartido donde luego se levantaría el Centro Comercial Caribbean Mall.

En un lugar donde había antes un pequeño campo de golf y un parque público levantaron un bar y una panadería, con los que luego se quedarían un par de abogados del mismo grupo. Allí mismo, en un pequeño centro comercial próximo se incumplieron las variables de urbanismo. En ese lugar había restaurantes que funcionaban en condiciones extrañas y de morosidad.

Esos grupos también permitieron que a un empresario le dieran casi a perpetuidad la operación del único campo de golf que se desarrolló dentro del complejo turístico, vendiéndole al mismo empresario también una franja de tierra, donde se levantaron restaurantes, casinos y locales comerciales que no deben o debían estar allí.

Los mismos permitieron también la quiebra del proyecto del Hotel Balcones del Mar, que nunca terminó por desarrollarse. Allí mismo la fiscalía, manejada entonces por la exfiscal general de la República, Luisa Ortega Diaz, permitió que se estafara a personas que habían invertido su dinero en un proyecto en el que César Navarrete, presidente de Del Sur Banco Universal, estuvo comprometido.

En otra área que debía ser utilizada para un campo de golf construyeron la llamada "Ciudad Vinotinto", kioscos y un centro religioso.

Muchas de esas reparticiones de terrenos se dieron a partir del año 1995, cuando Efraín Bedoya asumió como alcalde encargado del municipio Diego Bautista Urbaneja, reemplazando al depuesto Gilberto Ron Tovar.

Varias décadas después, los mismos grupos siguen teniendo control de urbanizaciones, como Las Villas, donde, en áreas que originalmente fueron destinados a uso comunitario, seguirían con sus intenciones de desarrollar proyectos inmobiliarios y recreativos para lucro propio.

También son los mismos que permitieron desmanes en la Compañía Anónima para el Desarrollo de la Zona Turística de Oriente (CAZTOR), como los de su antiguo presidente Leonardo Silva Russo, que llegó a estar amparado hasta por figuras del poder oficialista venezolano, como el exdiputado Francisco Solórzano.

Los mismo grupos arrasaron, se repartieron y se autoasignaron la operación del Hotel Maremares que luego fue recuperado por el turismo gubernamental y hoy siguen queriendo ser dueños del municipio que tanto han devastado.

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