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El arte en Venezuela padece a manos de la delincuencia


En noviembre, tras salir de una operación quirúrgica, Beatriz Gil – directora de la galería de arte homónima en Las Mercedes – recibió una llamada de la Fundación Gego, dedicada al legado y obra de la artista alemana-venezolana. “Beatriz, te tenemos una mala noticia”, dijo la representante de la Fundación, “muy desagradable”.

Poco antes de entrar al quirófano, Beatriz había llevado a la fundación un dibujo de Gego (Gertrud Goldschmidt) para confirmar su autenticidad. Tenía dudas porque el dibujo estaba en excelentes condiciones pero tenía un precio muy por debajo de su valor en el mercado: días antes, unos supuestos galeristas que ella no conocía le habían ofrecido el dibujo de Gego, valorado en 30.000 dólares, por apenas 3.000.

La Fundación soltó la noticia: era Juna, una obra perteneciente al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Le habían ofrecido patrimonio público robado de un museo, reseña Tony Frangie Mawad en cinco8.com.

“Nunca se me había disparado la tensión así”, dice Gil. Decidió llamar a la Fundación Museos Nacionales (FMN), el órgano del Ministerio del Poder Popular para la Cultura encargado del manejo centralizado de los museos públicos. Inmediatamente le pasaron la llamada a un encargado que Gil describe como “muy decente”. Luego se comunicó con el presidente de la FMN y con Ernesto Villegas, Ministro de Cultura. Así llegó una comisión de ocho personas a la galería y recuperaron la obra robada. Les siguió el Cicpc, que pidió una declaración a Beatriz para el reporte.

Los funcionarios ordenaron inmediatamente hacer un inventario y decomisar las llaves de los museos y bóvedas que tuviese el personal. “La gente del Museo actuó rapidísimo, respondieron muy bien, como deben”, dice la galerista. Días después, Beatriz se enteró de la envergadura del robo: el Cicpc también había recuperado una obra de Carlos Cruz Diez, Serigrafía Abstracta, propiedad del MACC. El jefe de seguridad del MACC, Douglas Hernández Gutiérrez, y Carlos Mora Rodríguez, museógrafo de la Galería de Arte Nacional, quedaron a la orden del Ministerio Público.

“Tarde o temprano quien buscase certificación se iba a enterar que era robada”, dice Gil, “la obra está dos veces en el catálogo del Museo”. Además, le habían vendido la obra de Gego por apenas 1.000 dólares a los galeristas que se la ofrecieron a Gil. “Uno no sabe qué necesidad tienen”, piensa Gil, “las vendieron por una miseria”. En diciembre, el Cicpc arrestó en Baruta a Olivia Hanze Contreras, una mujer que falsificaba obras de Alejandro Otero con un sello robado y luego las vendía.

Posteriormente, multaron a Hernández y a Mora y los dejaron en libertad, dice Gil, con una prohibición de acercarse a los museos por cinco años o de trabajar en ellos. Ambos llevaban muchos años prestando servicio en el circuito museístico.

Obras que se desvanecen

Los robos del Gego y el Cruz Diez han sido los más recientes incidentes ligados a un museo sumido en controversias desde que Chávez despidió a Sofía Imber, su fundadora, en 2001 y el robo de la Odalisca de pantalón rojo de Henri Matisse, reportado en 2004. La obra la encontró el FBI en el Hotel Loews de Miami Beach y fue devuelta a Caracas en 2014.

“La situación en el Maccsi (Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, nombre que tuvo hasta 2006) es bastante delicada por la infraestructura”, dice María Luz Cárdenas, directora del Departamento de Investigación del Museo entre 1978 y 2001. “Cuando nosotros estábamos, le hacíamos mantenimiento todos los años porque está bajo el nivel freático y las instalaciones de Parque Central resultaron realmente lamentables (por la refrigeración centralizada del complejo)”.

La humedad ha obligado a sacar las obras de las bóvedas y a atestar una sala con ellas. El Ministerio de Cultura ha descrito el hecho como “democratizar los depósitos para que el público también pueda disfrutar de las colecciones”. De acuerdo con Cárdenas, el personal “ya casi no puede entrar a las oficinas que están en un sótano por la contaminación de hongos”. También, el confinamiento ha dejado a los museos abandonados por casi un año: “ni limpiaban y resultó en el robo de obras”, dice Cárdenas.

El escándalo de los robos de noviembre de 2020 forzó cambios súbitos e importantes del personal. Muchos fueron transferidos a otros museos. Retiraron de sus cargos a la directora ejecutiva del Museo, Glenda Dorta, y la directora de Registro y Conservación, María Fernanda Reyes. Con ambos despidos, “el último enlace que había con el personal formado con la mística del equipo de Sofía Imber fue totalmente anulado”, dice Cárdenas. “Esto es especulación mía”, afirma, “pero me temo que hicieron una especie de vinculación donde se dice que el personal que viene del equipo de Sofía permitió el robo, cuando no fue así: el Museo estaba cerrado por el confinamiento y la directora ejecutiva tenía covid”. Dorta fue contactada para esta crónica pero no respondió. Reyes declinó ser entrevistada.

Cárdenas no duda de las “buenas intenciones” del nuevo equipo, pero le preocupa mucho su falta de experiencia. “Yo sí considero que hay un interés en borrar la memoria gloriosa de la institución y sobre todo la influencia de Sofía Imber”, dice Cárdenas, “esa colección no ha aumentado desde que Sofía se fue”. Para Cárdenas, habrá que esperar los resultados de los inventarios para comprobar que no se haya reducido. Mientras, una fuente del Instituto de Patrimonio Cultural le informó a Cinco8 que la primera auditoría detectó la falta de diez obras de la bóveda de papel y gráfica, de donde fueron robadas las de Gego y Cruz Diez. Estos hallazgos deberán ser confirmados o desestimados en las siguientes auditorías.

“Uno extrapola y piensa”, dice la galerista Beatriz Gil, “esto me cayó a mí, ¿pero en qué manos pueden caer otras obras?”. Poco después del incidente con el dibujo de Gego, un amigo de Gil le relató cómo le habían ofrecido un cuadro de gran tamaño de Manuel Cabré por 6.000 dólares (muy por debajo de su precio). Aparentemente, provenía de unas oficinas públicas. Pero, en lugar de denunciarlo “se lavó las manos”, dice Gil.

Lo cual revela la falta de transparencia, de registros accesibles y de cuentas claras en cuanto a las colecciones públicas de arte en Venezuela, que son patrimonio de todos los ciudadanos.

Por ejemplo, en 2019, después de ser designado embajador por la Asamblea Nacional como embajador ante Estados Unidos, Carlos Vecchio reportó el robo de tres obras (una de Armando Reverón, otra de Manuel Cabré y otra de Hector Poleo) de la residencia del embajador de Venezuela en Washington. En diciembre de ese año, el bloguero Toto Aguerrevere visitó La Casona (reabierta al público en esas fechas) y comentó que no vio ninguna de las obras de arte moderno, de artistas como Jesús Soto, Héctor Poleo, Carlos Cruz Diez y Alejandro Otero. “Me dijeron que estaban en restauración”, escribió en su Instagram.

Entre 2007 y 2008, la historiadora Consuelo Andara de la Academia Nacional de la Historia, visitó las bóvedas de Fogade para retirar 48 documentos de Simón Bolívar confiscados en 1994, tras el quiebre de Bancorp. “Logramos ver en las bóvedas un cuadro de Picasso en el piso recostado contra una pared”, dice Andara. “Había otros cuadros, uno detrás de otro. Reconocí el de Picasso porque era el primero y la bóveda no era precisamente el sitio más ordenado. Yo nunca he visto ese Picasso en la salita de rotación (de exhibiciones de arte) de Fogade”.

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