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Libro “Desinformación y guerra política” narra un siglo de falsificaciones y engaños políticos


A una temible arma de guerra dedica Thomas Rid, experto en tecnología y espionaje, su último libro: Desinformación y guerra política. Un siglo de falsificaciones y engaños.

Duró cinco años y movilizó a cientos de personas: “Espías comunistas revolucionarios, insurgentes de la realeza exiliados, amoríos, chantajes, ejecuciones simuladas y reales, un libro falso y a la mayoría de las agencias de inteligencia de Europa que existían en el periodo de entreguerras”. Pero lo más importante es que ‘Confianza’ -probablemente la operación de espionaje más espectacular de todos los tiempos, puesta en práctica por la Checa soviética de Lenin y Félix Dzerzhinski en 1921 para desarticular y destruir la resistencia blanca zarista desperdigada por medio mundodio lugar al nacimiento de la primera unidad dedicada a tiempo completo a la desinformación, cambiando para siempre el espionaje, reseña Daniel Arjona en El Confidencial


Precisamente a esa temible arma de guerra que ha sido la desinformación en la última centuria dedica Thomas Rid, experto en tecnología y espionaje de la Johns Hopkins University su último libro: ‘Desinformación y guerra política. Historia de un siglo de falsificaciones y engaños’ (Crítica). Se trata de un ensayo histórico impresionante que sobrevuela en cuatro etapas el desarrollo de una práctica muy peligrosa, cuya acelerada evolución la ha convertido en letal. 

La primera e inicial fase prendió en los años 20 cuando sistemas ideológicos antagónicos chocaron con fuerza por primera vez mientras el periodismo se volvía cada vez más rápido e implacable. La segunda oleada llegó tras la Segunda Guerra Mundial, ya completamente profesionalizada y protagonizada por el enfrentamiento a vida o muerte entre la CIA y la KGB. El tercer episodio de desinformación a finales de los 70 vio alzarse como triunfador indiscutible de la mentira y el engaño a la URSS para desmoronarse por completo poco más tarde. La cuarta y última acometida mostró su rostro a mediados de la década de 2010, más poderosa y más peligrosa que nunca gracias a las posibilidades de internet y las redes sociales. 

El libro de Rid es una proeza absorbente, cargado de detalles y desbaratador de mitos. Tal vez el caso más impresionante y reciente sea el de WikiLeaks, donde Edward Assange y Snowden quedan retratados como simples comparsas a sueldo de Putin que pudieron hacer de las suyas al ser idolatrados como – falsoshéroes contra el poder y la opresión de EEUU. 

“Durante mucho tiempo”, explica el autor, “se había podido convencer, engañar e incluso comprar a quienes publicaban contenidos, pero ahora también se podía hackear, alterar o dañar sus plataformas. Además, las máquinas oponían menos resistencia que las mentes humanas. Incluso se podían amplificar técnicamente las medidas activas, utilizando cuentas semiautomatizadas y bots totalmente automatizados. Las máquinas crearon el equivalente online a las risas enlatadas de un programa de televisión grabado en estudio. Además, ahora se podía irrumpir en las redes informáticas para conseguir efectos que antes requerían una mano humana, como manipular o incapacitar infraestructuras, logísticas o cadenas de suministro. En definitiva, la automatización y el hackeo pasaron a ser extensiones del manual de medidas activas: se ejecutaban de forma remota, se negaban a un coste mínimo y no empleaban la violencia física. La línea entre la subversión y el sabotaje se volvió más borrosa y las operaciones, más difíciles de disuadir. Internet, con su propia cultura, creó una nueva y vasta interfaz humano-máquina que parecía optimizada para la desinformación masiva.

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