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Detienen en Colombia a banda de lancheros encargada del envío de varias toneladas de cocaína a España

Buque Karar

Sócrates Gabriel Barros Fince, alias «Chun» era el principal cabecilla. Para él trabajaban Santander Barros Pulido alias «Pollo», que hacía labores de coordinación; Jorge Leonardo Díaz, «Jorge», encargado de la logística y Nefer Alfonso Hinojosa, «Negrito», que hacía labores de transporte. La Policía colombiana, en colaboración con la DEA, ha detenido en el marco de la operación «Clan Indio» –desarrollada hace menos de un mes– a estos cuatro presuntos integrantes de la organización de «lancheros» colombianos más activa del momento, los responsables de despachar las últimas grandes partidas de cocaína que han llegado a EE UU y Europa en el último año y medio. Entre las incautaciones más importantes que se atribuyen a estos lancheros indígenas se encuentra la del buque «Karar», el barco mercante de bandera de togoleña cargado con casi cuatro toneladas de cocaína que fue interceptado a 300 millas de las costas gallegas el pasado 28 de abril, en pleno confinamiento. Los investigadores sitúan en la cúspide de la estructura colombiana a «El Señor»: Cristian Camilo Córdoba Cuesta, el financiero principal, según la policía colombiana, y el contacto con las organizaciones de centro América, islas del Caribe, México, Europa y EE UU. En el ultimo año, según las mismas fuentes, había dejado de hablar por teléfono y solo lo hacía a través de emisarios de confianza y mensajes encriptados, reseñó Laura L. Álvarez en el medio español La Razón.

A pesar de dedicarse al narco, el clan colombiano vivía en poblados indígenas cerca de la zona de Santa Marta, tenía sus propias leyes y no cobraba mucha «plata»: no llegan a 1.000 dólares por kilo (por «pieza», como dicen ellos) a pesar de su importante labor en el engranaje del narcotráfico. Porque ellos eran los encargados de transportar el estupefaciente desde los lugares de producción en la selva, trasladarla en todoterrenos hasta la costa, concretamente hasta la Alta Guajira colombiana (la zona fronteriza con Venezuela) y, a través de lanchas rápidas similares a las que emplean aquí las organizaciones gallegas y andaluzas dedicadas a los mismos menesteres, se introducen a equis millas mar a dentro para, en el punto y a la hora acordada, cargar de fardos los buques «contratados» para la ruta, de los que ellos no tienen nunca información. El último barco que cargó este clan fue precisamente el «Karar», pero también atribuyen al «Clan Indio» otras cuatro importantes incautaciones desde agosto de 2019 que sumarían casi 12 toneladas más de cocaína.


La mayor parte de estos viajes tuvieron como destino EE UU, por lo que serán extraditados allí. El «fallo» de esta organización de indígenas –que llevaba tres años vigilada– fue, según fuentes policiales, atravesar aguas de Puerto Rico e introducirse así, por error, en jurisdicción americana, lo que desencadenó la investigación en Europa. Mientras, a este lado del océano, hacían lo propio la Brigada Central de Estupefacientes y el Greco Galicia, los expertos de la Policía Nacional en narcotráfico. Aquí también llevaban tiempo detrás de los lancheros que hacían la misma función que el «clan Indio» pero a la inversa: recepcionaban la cocaína a equis millas de las costas gallegas en lanchas que regresaban a tierra a toda velocidad, como hacían en los 90 Sito Miñanco y compañía. Y es precisamente un hombre que trabajó para Sito quien estuvo en el punto de mira de la investigación como responsable del «Karar».

De hecho, en las escuchas realizadas a la banda de lancheros días antes de la recepción del barco, le mentan: «Esto ha sido el hijoputa del Charly», dice Juan Carlos Santórum (responsable de los lancheros, del que hablaremos después) en referencia a José Andrés Bóveda Ozores, alias «Charly», «Sandokan» o «El Barbas». Se trata de un pontevedrés de 62 años natural de Deiro que vive en Vilagarcía de Aurousa. Es un escurridizo de la causa porque, aunque siempre le han vinculado a grandes cargamentos nunca ha podido ser condenado por narcotráfico. Tiene naúticas y es administrador único del astillero Graünner de Cambados. Hace un par de años fue detenido junto a Manuel Charlín y su hijo Melchor por un cargamento de dos toneladas que venía de Cabo Verde pero tuvo que ser trasladado al hospital al encontrarse «indispuesto» por su diabetes y terminó quedando en libertad. También cayó en el alijo del barco San Miguel, que venía con 4.300 kilos en junio de 2008, pero la persona que le implicó se desdijo justo antes de que comenzara el juicio en la Audiencia Nacional. De «Charly» siempre se ha dicho que estaba «blindado» gracias a sus contactos. Sea como fuere, tampoco ahora se le ha podido vincular al «Karar», que fue abordado en alta mar por las autoridades españolas el pasado 25 de abril, en pleno confinamiento.

Al mes siguiente también se produjo el abordaje del «Neameh» (19 de mayo) y del «FM Spiridon» (cinco días después), atribuidos inicialmente también al «Charly» pero que no se puedo recuperar estupefaciente: probablemente sabía que los iban a interceptar y lo alijaran antes. El «Karar», sin embargo, sí venía cargado: 3.800 kilos de cocaína. A bordo viajaban 15 tripulantes: 14 marineros de Nepal y Bangladesh y un gallego, el «aval» para garantizar a los propietarios de la droga que aquí también interesa que salgan las cosas bien, algo que finalmente no ocurrió. En tierra, gracias a la investigación de la Policía Nacional, también fueron arrestadas otras 13 personas. El más importante, no obstante, escapó. Era Juan Carlos Santórum Navazas, considerado cabecilla de la organización de lancheros pero que se enteró a tiempo que no debía ir a recoger.

La instrucción del caso no está resultando sencilla y los encontronazos entre el fiscal y la jueza, unido a la amistad de algunos de los detenidos con responsables de la Fiscalía de Pontevedra (sale en las escuchas) ha desvirtuado un poco la investigación policial. La realidad es que, menos la tripulación, el resto están en libertad. Todos menos un funcionario del Servicio de Vigilancia Aduanera destinado en Vilagarcía: Pablo Suárez, que fue detenido en junio tras viajar a Madrid a cobrar 300.000 euros de un colombiano. Aunque ahora ha cambiado de letrado, comenzó defendiéndole la misma abogada, curiosamente, que a Santórum, la pieza clave. Éste nació en Pontevedra en 1980 aunque vive en Vilanova. Está considerado el jefe de una de las mayores organizaciones de lancheros de Europa y cinco días antes de la llegada frustrada del barco, en las conversaciones que mantenía (ya estaba bajo vigilancia porque le sabían el responsable) Santórum «clavó» los kilos que venían («tres siete o tres ocho», le dice a un amigo, en referencia a los 3.800 kilos) y atribuye al «Charly» la sospecha de que haya pasado algo por el camino.

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