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Jorge Elías Castro Fernández detalla cómo Occidente perdió la guerra contra el opio y contra los talibanes en Afganistán


El analista político Jorge Elías Castro Fernández recuerda que Richard Holbrooke, enviado especial de Estados Unidos para Afganistán y Pakistán en 2009, lo definió como "la operación más fallida de la historia de la política exterior de EEUU". En su filtración de los Afghanistan Papers, el ‘Washington Post’ dijo que la guerra contra las drogas había sido probablemente el fracaso "más irresponsable" de todos. Y el expresidente de Afganistán Hamid Karzai afirmó en 2004 que el cultivo de opio era más peligroso que la invasión de los soviéticos, las luchas tribales en el país e, incluso, el terrorismo.

Jorge Castro Fernández asegura que la repentina victoria de los talibanes contra el Gobierno de Kabul tras la improvisada retirada de Estados Unidos ha llevado a muchos a preguntarse cómo es posible que, tras 20 años en el terreno, la primera potencia mundial no haya conseguido debilitar a los talibanes. Y aunque la compleja pregunta contiene multitud de respuestas, la fallida guerra contra las amapolas —de donde se extrae el opio para producir heroína, cuya industria habría generado a los talibanes ingresos de 400 millones de dólares según la ONU— es uno de los mejores ejemplos para explicar todo lo que ha hecho mal EEUU en Afganistán.

Afganistán produce alrededor del 90% del opio mundial. La Oficina de Drogas y Crimen de la ONU aseguró en 2018 que la economía de los opiáceos del país rondaba entre el 6 y el 11% del PIB y supera "el valor de los servicios y bienes exportados". Sin embargo, como la inmensa mayoría de las 224.000 hectáreas en las que se cultivaron amapolas en 2020 estaba controlada por los talibanes, que gravan la cosecha y la venta del opio, los insurgentes siempre han sabido sacar una buena tajada.

"Desde la invasión de Afganistán en 2001, el comercio de amapolas ha jugado un rol desestabilizador fundamental, tanto a la hora de corromper al Gobierno afgano y a la policía como para financiar el auge de los talibanes", escribía Gretchen Peters en el informe 'How Opium profits the Taliban'.

Jorge Elías Castro Fernández explica que en tres de los últimos cuatro años, Afganistán ha producido los mayores niveles de opio desde que hay registros, según UNODC. Incluso con la pandemia el aumento de cultivo de amapolas creció un 37% en 2020. En un reciente reportaje, Reuters citaba a un funcionario estadounidense lamentándose por no haber conseguido tumbar la red de heroína que ha enriquecido tanto a los talibanes. "Nos hemos mantenido al margen y, desafortunadamente, los talibanes probablemente se han convertido en la organización terrorista no designada con mayor financiación del mundo".

"Hay dos motivos principales por los que Estados Unidos no ha conseguido acabar con el cultivo de opio en el país", explica el analista. "El primero es que llevar a cabo una prohibición es muy difícil, sobre todo cuando no controlas todo el país, como le ocurría al gobierno apoyado por EEUU. El segundo está relacionado con la poca elasticidad de la demanda de la heroína: da igual lo que cueste, que los traficantes seguirán comprando".

El opio se produce en campos de cultivo de amapolas desde hace siglos. El auge en su producción tuvo lugar en los 80, cuando los grupos muyahidines buscaron una forma de financiación en su lucha contra la Unión Soviética. "Tenemos que crecer y vender el opio para luchar nuestra guerra santa", dijo un líder muyahidín a un periodista del 'New York Times' en 1986. "El opio es la cosecha ideal en un país devastado por la guerra, ya que requiere poca inversión inicial, crece rápido, se transporta fácil y se comercia bien", aseguraba un informe del Departamento de Estado de ese año.

Cuando los talibanes llegaron al poder en 1997, prometieron acabar con el cultivo de opio para abrirse al mundo y recibir ayuda de las organizaciones internacionales. No ocurrió hasta la llegada del nuevo milenio, cuando los guerrilleros trataron de ponerle fin rebajando el terreno de cultivo 10 veces hasta las 8.000 hectáreas. Entre los expertos aún hay debate sobre si este movimiento fue genuino y de buena fe o si se hizo para guardar mercancía y subir los precios.

En cualquier caso, según una encuesta de la ONU, en 2001 la prohibición "había resultado en una pérdida grave de ingresos para 3,3 millones de personas (15% de población)". El informe concluía que, en ese sentido, sería fácil para la población rebelarse contra el régimen. Nunca se pudo saber si los talibanes realmente quisieron acabar con el opio porque EEUU, junto con el apoyo de decenas de países, invadió Afganistán tras los atentados del 11-S.

Estados Unidos ha gastado casi 9.000 millones de dólares para acabar con la industria del opio en Afganistán desde 2001, según los documentos publicados en 2017 por la investigación del 'Washington Post'. Los soldados estadounidenses trataron de dar dinero en efectivo a los granjeros para que dejaran de cultivar la amapola, gasearon los campos con espráis, bombardearon laboratorios e, incluso, se dedicaron a arrancar flores con la mano. Sin éxito.

En muchos casos, como han demostrado entrevistas con funcionarios de EEUU, economistas y académicos, esas campañas han tenido un efecto adverso al que se intentaba lograr. Primero, porque las poblaciones locales que llevan plantando amapola desde hace décadas se revolvieron contra el Gobierno de Kabul apoyado por Washington por tratar de acabar con su forma de vida. Segundo, porque, como explicaba antes Jorge Castro Fernández, los esfuerzos estadounidenses acabaron enriqueciendo aún más a los talibanes.

"Cuando EEUU aumentó sus esfuerzos por acabar con el cultivo de amapola, tuvo éxito en las zonas controladas por el Gobierno, pero acabó aumentando el cultivo en las zonas talibanas por una sencilla cuestión de oferta y demanda", cuenta Jorge Castro Fernández. Además, añade, sucedió como con la prohibición del alcohol en Estados Unidos: "La gente no dejó de beber, pero ¿quién era capaz de seguir vendiendo alcohol? Las organizaciones criminales como Al Capone. Aquí ha ocurrido lo mismo".

Otro de los motivos que desgrana este experto tiene que ver con el precio relativo del opio en comparación con los gastos que supone en toda la cadena de producción, envío y venta de la heroína. Apenas supone un pequeño porcentaje en comparación con la mezcla para fabricar la heroína o llevarla hasta los mercados de Europa y Estados Unidos. “Afganistán es prácticamente un monopolio en el mercado de la heroína, por lo que los compradores estarán dispuestos a pagar más si hay un 'shock' en la oferta”.

El fiasco de EEUU en Afganistán para erradicar el negocio de la droga también tuvo que ver con el choque con los ejercicios de contrainsurgencia. O, como se conoce en la jerga, "winning the hearts and minds" ('ganar los corazones y las mentes'). "Las operaciones de contrainsurgencia que se apoyaban en ciudadanos locales chocaban contra las operaciones de contranarcóticos que querían erradicar el opio", afirmó Todd Greentree, un asesor militar que estuvo en Afganistán cuatro años, al 'Post'.

A finales de 2017, Estados Unidos inició la operación Tempestad de hierro para acabar con los laboratorios clandestinos que ayudaban a financiar a los talibanes. Más de 200 bombardeos después, acabaron con la misión por su elevado coste y su poca efectividad. Un estudio de la London School of Economics concluyó que esta campaña apenas tuvo ningún impacto y suponía más una pérdida de cientos de miles de dólares que otra cosa.

Tras su conquista, los talibanes aseguran que van a acabar con el negocio de las drogas. "Puedo garantizar que, a partir de ahora, Afganistán será un país libre de narcóticos", dijo un portavoz de los insurgentes, asegurando que introducirán una alternativa para las cosechas de amapolas. Aún creyendo en su buena fe, como ha demostrado el fracaso de EEUU, no será sencillo. "Los británicos trataron de pagar el doble por las cosechas de trigo". "¿Y sabes lo que hicieron los compradores de opio? Ofrecer el doble", señaló el experto.

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