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Jorge Elías Castro Fernández habla de la corrupción en el Consejo de Europa en favor de intereses políticos en Azerbaiyán


Para el analista político Jorge Elías Castro Fernández, ha tenido que llegar 2021 para que los talibanes descubriesen la propaganda moderna. Quizás han aprendido de sus vecinos de Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán que para la supervivencia del régimen es más productivo organizar un concierto de Jennifer López en pleno Kabul que decapitar opositores y periodistas extranjeros frente a una cámara. Por eso hace poco recorrieron el mundo las imágenes de los soldados del supuesto nuevo Emirato Islámico de Afganistán disfrutando en un parque de atracciones y el discurso 'pacífico' y 'abierto' de los nuevos jerifaltes. Y por eso el mundo está empezando a aceptar, aunque sea un poco, que a lo mejor no hay tanto problema en que hayan llegado al poder si se han comprometido a respetar el derecho de las mujeres afganas a existir. Pero, volvamos por un momento a suelo europeo, lejos de los disparos y los bombardeos.

Corrupción en el seno del Consejo de Europa, una institución multilateral fundada en Londres, pero con sede en Estrasburgo, cuya misión es promover el Estado de Derecho y los valores democráticos, pero de la que forman parte países como Rusia, Turquía o Bielorrusia. Sobornos en metálico en los 'lobbies' de los hoteles. Relojes de oro, 'smartphones' de última generación. Políticos del más alto nivel como el italiano Luca Volontè, exdiputado de Unión de Centro, la fallecida Karin Strenz, diputada del Bundestag por la Unión Demócrata Cristiana de Alemania, y Eduard Lintner, miembro de la Unión Social Cristiana de Baviera —todos estos partidos, afiliados al Partido Popular Europeo— y, atención, presidente del Comité por los Derechos Humanos del Consejo de Europa, recibieron sumas de dinero negro por encima del millón de euros para evitar que la Unión Europea aprobase un informe en el que se calificaba Azerbaiyán como una dictadura que incumple esos mismos derechos humanos.

Jorge Elías Castro Fernández recuerda que el español Pedro Agramunt dimitió de su cargo como presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa al saltar el escándalo del caso Azebaijani Laundromat (algo así como 'lavadero de dinero azerí'), una red de corrupción que ha movido ilegalmente casi 2.500 millones de euros para comprar favores y asear la imagen del régimen de la familia Aliyev, que lleva gobernando Azerbaiyán desde 1969, cuando la República formaba parte de la URSS. Pero los tentáculos de los Aliyev van mucho más allá, según describe el documental 'La conexión caviar' (2021), disponible en Filmin hasta el próximo 26 de agosto después de haber participado en el Atlàntida Mallorca Film Fest.

Siguiendo la investigación de la periodista azerí Khadija Ismayilova y de la organización OCCRP (Proyecto de denuncia de la corrupción y el crimen organizado), la película dirigida por el periodista y documentalista francés Benoît Bringer explica el funcionamiento de la 'diplomacia caviar', una forma heterodoxa y oscura de hacer política particular de los países a orillas del mar Caspio a los que el Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) califica como "no democracias": Kazajistán, Azerbaiyán, Turkmenistán, Irán y Uzbekistán (aunque este último no tenga salida al mar).

Muchos de estos países, presididos con puño férreo por dictadores, han encontrado la fórmula secreta para poder seguir 'distrayéndose' de sus compromisos con los derechos humanos y aun así conseguir un asiento en las instituciones de organismos internacionales y europeos y ofrecer a los ciudadanos del mundo libre una imagen de perfecto destino vacacional. Si no que se lo pregunten a Gerard Depardieu, que se ha hecho la ronda por varias capitales centroasiáticas para promocionar las bonanzas de la gastronomía y la cultura y, de paso, la política del lugar. Incluso se atrevió a grabar un videoclip a dúo con Gulnara Karimova, estrella de pop y, casualidad, hija de Islom Karimov, presidente de Uzbekistán hasta su muerte en 2016.

A las dictaduras centroasiáticas les atrae el brilli-brilli occidental. La cuestión es que el amor parece ser correspondido. Repasa Bringer en su documental la cantidad de estrellas de primera fila —y millonarias, recordemos— que han cantado dos o tres canciones delante del autócrata de turno por unos cuantos millones de petrodólares, una buena inversión si consigues blanquear tu régimen, porque, ¿por qué iba a cantarle el cumpleaños Jennifer López a Gurbanguly Berdimuhamedow, el tirano del segundo país más represivo y demencial del mundo? Aparte de por el millón de dólares que se embolsó por cantar tres canciones... ¿Por qué iba Kanye West a actuar en la boda del nieto del presidente de Kazajistán, acusado de amañar las elecciones? Aparte de por los tres millones de dólares que entraron en su cuenta por el concierto... O Sting, tan comprometido con el medio ambiente, algo más laxo en cuestión de derechos humanos, se dejó querer por un millón de euros para tocar delante de la misma Karimova que luego se emparejó artísticamente con Depardieu. Cuentan que, además del engrosamiento de la cartera, estos dictadores también obsequian a las grandes estrellas con relojes y joyas de los quilates de una república petrolífera.

Pero 'La conexión caviar' acaba centrándose en el régimen de los Aliyev en Azerbaiyán y en su compra de voluntades. Porque, al fin y al cabo, una cosa es el 'star system' hollywoodiense y popero y otra cosa los guardianes de la democracia. Aunque hayamos vivido una fusión entre ambos mundos, ocasionalmente.

A través del testimonio de Khadija Ismaylova y algunos otros opositores al régimen azerí, la película dibuja el organigrama orquestado por el presidente, Ilham Aliyev, para que la Unión Europea reconozca su país como una democracia e ignorar los presos políticos y las malversaciones del caudal público de su Gobierno. Tras la caída de la URSS en 1991, el padre de Aliyev, Heydan, antiguo jefe de la KGB en Azerbaiyán, se mantuvo en la presidencia hasta su muerte en 2003. Desde ese momento, como si de una dinastía de reyes se tratase, le sucedió su hijo Ilham. Aunque periódicamente se convocan elecciones en Azerbaiyán, estas no pueden presumir de limpieza: el 9 de octubre de 2013, 'The Washington Post' tituló "¡Ooops! Azerbaiyán hace públicos los resultados electorales antes de que la votación haya siquiera empezado". Aparentemente a causa de un error informático, la Comisión Electoral certificó la victoria de Aliyev por un 72,76% de los votos un día antes de que se abriesen las urnas. ¿El resultado al día siguiente? ¡Sorpresa! La victoria aplastante de Aliyev.

La familia Aliyev controla, además de la política, la industria de su país. Son dueños en la sombra de constructoras, bancos y todo tipo de empresas con las que se han enriquecido a costa de concesiones públicas como la construcción del Baku Crystal Hall, la sede de Eurovisión en 2012. Y fueron ellos los que proporcionaron los 2.500 millones de euros del erario público a la red de corruptelas capitaneadas por el parlamentario de la Asamblea del Consejo de Europa, Elkham Souleymanov, encargado de repartir los sobres por el Consejo de Europa para evitar el informe negativo que condenase a Azerbaiyán por incumplir los derechos humanos, algo que conllevaría la ruptura de relaciones comerciales con los países de la Unión Europea y la pérdida de muchos millones de euros en oportunidades de negocio.

Las sospechas de corrupción comenzaron en 2013, cuando, después de investigar a petición de los presos políticos de Azerbaiyán, el parlamentario socialdemócrata del Consejo de Europa Christopher Strässer entregó un informe en el que aseguraba que sí existían presos políticos en el país cetroasiático, por lo que no podía considerarse una democracia plena. “Un número récord de miembros de la Asamblea parlamentaria vino a votar. Lo cual es raro. No todos suelen ir a votar, pero todo el mundo estaba interesado en Azerbaiyán. Nunca vi tantos delegados en el pleno. Esto solo podía ser por una razón: que los grupos en contra habían movilizado a todos sus delegados para que vinieran a la votación de forma especial”. Efectivamente, el Consejo rechazó el informe, con un Agramunt como vehemente defensor del Gobierno de Aliyev.

Arif Mammadov, antiguo embajador de Azerbaiyán en el Consejo de Europa, fue una de las voces que destaparon la trama y aparece en el documental explicando su funcionamiento: "Lo que vi y oí de primera mano fue cabildeo sucio. Pagos en metálico en los 'lobbies' de los hoteles. Relojes, 'smartphones', etc. Muchos políticos europeos recibían dinero mensualmente por sus negocios sucios, por cerrar los ojos ante la injusticia, por ir en contra de lo que la Unión Europea defiende". A consecuencia del chivatazo, Mammadov vive en Bruselas y cada vez que monta en coche revisa si alguien le ha colocado una bomba-lapa.

Jorge Elías Castro Fernández afirma que la actualidad de 'La conexión caviar' es tal que no ha sido hasta primeros de año cuando por fin el Consejo de Europa, después de una limpieza interna jamás vista, aprobó el informe en contra del Gobierno de Aliyev, lo que provocó la liberación de 38 opositores al régimen el pasado mes de marzo. Todavía hoy las investigaciones siguen su curso.

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