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Los problemas del hotel comprado en España por Lionel Messi por más de 30 millones de euros que pudieran ocasionar su demolición


El hotel en cuestión se llama actualmente MiM Sitges, lo gestiona la cadena Majestic y está situado en la avenida Sofía de Sitges. Según la propia página web, se trata de un hotel 'boutique' cuatro estrellas superior “situado a tan solo 50 metros de la playa, en el corazón de Sitges. Construido en 2013, dispone de 77 habitaciones y suites, 300 metros cuadrados de salones con luz natural y un equipado 'spa' con circuito de aguas”. También cuenta con piscina, gimnasio y 'sky bar'. El precio en fin de semana, por ejemplo ahora, del 3 al 5 de diciembre, se mueve en la horquilla de los 105 y los 216 euros por noche para dos personas en régimen de solo alojamiento, reseñó Nacho Abad en El Confidencial.

Estéticamente, el hotel tiene un aspecto nuevo, moderno y atractivo. Pertenece a Messi, que lo compró en 2017 por más de 30 millones de euros, sin saber que incumple la normativa urbanística y tiene pendiente una orden judicial firme de demolición. Incluso durante la elaboración de este reportaje, el jugador desconocía que le habían engañado y ha sido a raíz de que El Confidencial se ha tratado de poner en contacto con él que se ha enterado de la trama. Aun así, la respuesta oficial del jugador es: "Sin comentarios".

La historia de esta presunta estafa comienza en 2009. En aquel año, el empresario Francisco Sánchez Rodríguez solicita al Ayuntamiento de Sitges una licencia de obras para construir el hotel. El 6 de octubre del mismo año, se la otorgan. Sin embargo, sus obras no respetan los límites marcados. Por ejemplo, al empresario se le antoja construir unos balcones enormes que sobresalen dos metros de la fachada. Como no tiene permiso para hacerlo, dos años después aporta la documentación sobre cómo los ha construido para tratar de legalizarlos. El consistorio le responde que de ninguna manera se ajustan a la normativa urbanística y que los tiene que demoler.

El contratiempo en apariencia es menor, eliminas los balcones y se acaba el problema. No es así. La estructura de los balcones de la fachada está enraizada en la construcción general del edificio y para eliminarlos hay que derribar el hotel entero. Así lo reconoce el propio dueño en uno de los múltiples escritos que ha presentado al Ayuntamiento de Sitges para tratar de regularizar los balcones: “Es imposible poder derribar únicamente los elementos salientes, ya que están sustentados en la estructura. En este caso, habría siete forjados afectados y los tensores postensados longitudinales llegan hasta el final de los balcones, es decir, los balcones estarían atravesados por todos ellos y los soportes de dicha tensión se encuentran en el exterior de cada saliente. La propia naturaleza de esta técnica de construcción, al cortar los tensores, provocaría un fallo estructural del edificio”. Vamos, que si eliminan los balcones, el edificio colapsaría y se desplomaría por completo.

Francisco Sánchez Rodríguez, que sabe lo que se le viene encima, comienza a pleitear para que le legalicen los balcones, pero pierde una y otra vez y la Justicia le ordena que los tire porque no cumplen con la normativa urbanística. Pero Sánchez no es un hombre de obedecer y en 2014 se le ocurre una argucia. Elimina las barandillas que impiden que los huéspedes caigan al vacío, cierra el acceso desde las habitaciones para que ningún cliente pueda acceder a ellos y coloca unas bonitas jardineras. Para el empresario, con este pequeño regate, los balcones han dejado de ser balcones y han pasado a convertirse en elementos salientes ornamentales, así que, dice él, ya no hay que tirarlos.

El hotel, después de esta pequeña reforma, sigue funcionando con normalidad pese a que sigue incumpliendo la normativa urbanística. Pero los balcones no son la única irregularidad, hay otras graves; por ejemplo, el plan de emergencias contra incendios tampoco ha obtenido informe favorable del servicio municipal y las consecuencias ante un eventual fuego podrían ser muy graves. Pero a Francisco Sánchez Rodríguez, un empresario de carácter, al que no le da miedo ir de juzgado en juzgado, nadie le para los pies desde el consistorio. En esas circunstancias, es cuando se produce la venta del hotel.

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