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Manuel Malaver: Chile, Barinas y Colombia | Venezuela

Por Manuel Malaver | Opinión

Dos países de América del Sur, Chile y Colombia, y un estado de un tercer país que cuenta con 23, Venezuela, se preparan a ser las primeras entidades en celebrar elecciones para elegir autoridades en el primer semestre del próximo año.

Suceso que no tendría por qué merecer una mención diferente a la que se estila en una subregión donde el 95 por ciento de los países pautan en sus constituciones el principio de “alternabilidad democrática” en el poder, si no fuera porque que entre las entidades que se preparan a cambiar de gobierno hay una que no es un país sino el “estado de un país” y de uno que en cada elección (sea, presidencial, regional o municipal) da lugar a fanáticos enfrentamientos civiles y militares, donde muertos, heridos, desaparecidos y exilados hacen parte del conteo electoral.

Desde luego que nos referimos a la República Bolivariana de Venezuela, un estado-nación cuya Constitución establece un promedio de dos eventos eleccionarios por año, pero con una excepcionalidad: el máximo organismo electoral -el llamado CNE-, y el conjunto de todas las instituciones electorales, son controladas por el gobierno, el cual decide con total prescindencia del acto electoral, quién vota, por quién vota, cuándo vota, dónde vota y quienes son los ganadores y perdedores.

Un nuevo modelo de dictadura entonces, uno que ya no recurre a los militares, cuarteles, balas y fusiles para imponerse, sino a la muy pacífica, legal y constitucional democracia representativa o “participativa”, que ya en Venezuela ya alcanza la venerable edad de 22 años -y por eso también se le conoce como “dictadura electoralista”- y que en materia de llevar votantes a votar, contarles los votos y decirles después porque quien o quienes depositaron sus votos, no hay dudas que ha ganado todos los récord Guinness.

En el caso de una de las elecciones que hacen del interés de este artículo, -las regionales del estado Barinas de Venezuela- debemos aclarar que ya se celebraron, hace exactamente tres domingos, que, incluso, el ganador fue dado por el máximo organismo electoral, pero que como no resultó el candidato a gobernador oficialista, el ingeniero Argenis Chávez, sino el candidato opositor, Freddy Superlano, las actas donde constaba la derrota gubernamental fueron secuestradas en el comando militar de la zona, el conteo suspendido, anulado el resultado por el Tribunal Supremo de Justicia y la Sala Electoral y reprogramados los comicios para celebrerase el 9 de enero próximo.

En otras palabras, que toda una exposición en vivo y directo, con los actores principales y secundarios del reparto, con la misma trama de muchas otras elecciones pasadas que se han repetido y continuarán repitiéndose, mientras algunos partidos “demócraticos” y multilaterales de la comunidad internacional sigan aceptando que tales parapetos y añagazas pueden considerarse “elecciones”.

Porque eso sí, cientos de observadores de la ONU, de la UE y la OEA fueron invitados a presenciar y testificar la “imparcialidad e inviolabilidad” de las elecciones chavistas y desde luego que salieron espantados y sin hacer un llamado fuerte de condena a la forma cómo se violan las instituciones democráticas y pasar a establecer que en Venezuela existe una dictadura de la misma clase, catadura y peligrosidad que la cubana.

Eso sí, pudieron llevarse algunas novedades que contar, como fue que el gobernador electo, el opositor Freddy Superlano, fue inhabilitado políticamente para que compitiera en las nuevas elecciones y que la misma medicina se le aplicó a su esposa, Aurora Silva de Superlano, de la cual se habló que podría sucederlo en la candidatura, pero que fue sacada de juego, tal podría ocurrir en cualquier país inquisitorial o fundamentalista donde el poder se trasmite por el carisma que deviene de la herencia consanguínea o familiar.

Y es que, cuando en Venezuela hablamos de Barinas, del Estado Barinas y de su capital Barinas, inmediatamente nos referimos al hecho de que es la tierra donde nació el llamado “Comandante en Jefe, Hugo Chávez”, el teniente coronel que el 4 de febrero de 1992 encabezó una intentona golpista que, a pesar de haber fracasado, ocho años después le permitió ascender a la presidencia de la república en un proceso electoral.

No digamos más nada a este respecto, sino que después del ascenso de Chávez al poder, el estado Barinas se convirtió en un feudo de la familia Chávez, una camada de seis hermanos que en unión de sus padres han gobernado la entidad durante 22 años y controlando despóticamente su economía, tierras, recursos y el conjunto de su vida política, moral y social.

Un auténtico orden dinástico que se partió en las elecciones para gobernadores y alcaldes del 21 de noviembre pasado y que no solo fueron perdidas por primera vez después que Chávez la legó como patrimonio a sus hermanos sino que puso a sus seguidores ante el hecho de que era el mismo espíritu o influjo del comandante ya difunto que se estaba manifestando.

De modo que, no solo una trauma o conmoción política puede estarse sucediendo en Barinas en este momento, donde una suerte de combatientes que se juzgan representantes de fuerzas superiores y sobrenaturales pueden estarse preparando para derrotar a simples mortales adscritos a las hordas de Lucifer o Satán.

En otras palabras que, todo lo contrario a lo que sucederá en las otras dos elecciones que tendrán lugar en América Latina en el próximo semestre, las de Chile y las de Colombia -estas si presidenciales-, pues podemos estar seguro que al final de la tarde del 20 de enero próximo, ya los chilenos sabrán si su presidente es Gabriel Boric o José Antonio Kast.

Y podemos apostar que sin llamados a protestas violentas ni a la guerra civil sino la presentación de denuncias a ilegalidades si las hubo, hasta que de acuerdo al dictamenes de las autoridades, se acepte la voluntad del pueblo chileno.

Como ocurrirá en Colombia el 20 de mayo próximo cuando Gustavo Petro y Oscar Zuluaga presenten sus candidaturas para que el electorado colombiano decida cuál será su presidente y sin recurrir a otro argumento que la mayoría de votos con que uno superará al otro, según establezcan los organismos electorales.

Mientras tanto en el estado Barinas de Venezuela donde se elegía un gobernador, lo más seguro es que se haya desprendido otro afianzamiento de la dictadura chavista o uno de los tantos conatos de guerra civil que a fin de cuentas es el argumento definitivo con que la dictadura de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello imponen sus resultados electorales.

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