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La historia de cómo el sacerdote mexicano Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo se convirtieron en grandes depredadores sexuales dentro de la Iglesia católica


Bendecido por Pío XII y protegido por Juan Pablo II, que lo presentaba como “el apóstol de la juventud”, el cura mexicano Marcial Maciel Degollado, fundador de Los Legionarios de Cristo en enero de 1941, pintaba para santo hasta que la propia Iglesia Católica debió reconocer que era el mayor depredador sexual de su historia reciente.

Según una investigación realizada por la congregación que él mismo creó, a lo largo de décadas Maciel abusó sexualmente de sesenta menores de edad de ambos sexos, y su práctica cundió como ejemplo dentro de la organización.

El informe “Radiografía de ocho décadas para erradicar el abuso”, publicado por Los Legionarios de Cristo en octubre de 2019, reconoce que además de los abusos perpetrados por Maciel, entre 1941 y hasta ese año, hubo un total de 175 menores de edad – de entre 11 y 16 años – víctimas de violaciones cometidas por 33 sacerdotes de la congregación. Otros 90 alumnos de las escuelas y seminarios dependientes de la organización fueron abusados por 54 seminaristas, de los cuales 46 nunca llegaron a ordenarse sacerdotes, reseñó Daniel Cecchini en Infobae.

Las denuncias no aparecieron de un día para el otro. El Vaticano estuvo al tanto de las prácticas aberrantes de Maciel y otros miembros de su congregación desde un principio, pero decidió silenciarlas hasta que la situación se hizo insostenible durante el papado de Benedicto XVI.

El informe, sin embargo, fue considerado aún dentro de la Iglesia como un desesperado intento de Los Legionarios de Cristo y del propio Vaticano para salvar a la congregación, no sólo cuestionada por los abusos sexuales perpetrados por sus miembros sino también por ocultar 295 millones de dólares en paraísos fiscales, que fueron descubiertos al conocerse los Pandora Papers.

La suma de estas revelaciones sacó a la luz el lado oscuro de Maciel, fallecido en 2008, y de su organización –mostrados durante décadas como modelo a seguir desde los más altos niveles de El Vaticano – y llevó a la luz la compleja trama de complicidades que los puso a salvo durante décadas.

Si de linaje y lazos familiares se trata, Marcial Maciel Degollado –nacido en Cotija, México, el 10 de marzo de 1920- tenía marcado desde su primer instante de vida un destino en la Iglesia.

Entre sus ancestros se contaban sus tíos abuelos Rafael Guizar y Valencia -hoy santificado-, obispo de Veracruz, y Antonio Guizar y Valencia, obispo de Chichuahua, a los que se sumaban sus tíos segundos Luis Guizar Barragán, obispo de Campeche y de Santillo, y Jesús Degollado Guizar, que ostentaba el cargo de general cristero.

En 1936, cuando tenía 15 años, Maciel se trasladó a la ciudad de México para empezar su formación sacerdotal en el seminario dirigido por su tío abuelo Rafael Guízar y Valencia.

Estaba todavía allí el 3 de enero de 1941 cuando fundó los Misioneros del Sagrado Corazón y la Virgen de los Dolores, que poco después pasarían a llamarse Los Legionarios de Cristo.

Recibió el orden sacerdotal el 26 de noviembre de 1944 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, México. Dos años más tarde se trasladó a España con el primer grupo de jóvenes mexicanos que cursó estudios humanísticos en la Universidad Pontificia de Comillas. De allí fue expulsado por motivos nunca revelados.

A pesar de eso, sus contactos familiares le abrieron las puertas del Vaticano, donde fue recibido en 1946 por el Papa Pío XII, que ya estaba al tanto del proyecto de Los Legionarios de Cristo, incluyendo la creación de escuelas y seminarios. Los bendijo a él y a su congregación.

Con el apoyo papal creó en 1950 el Centro de Estudios Superiores de la Legión de Cristo en Roma. Mientras tanto, en México, la congregación crecía a pasos agigantados, gracias a los recursos que Maciel obtenía de sus relaciones con la alta sociedad mexicana. Ya por entonces no volcaba la totalidad del dinero en Los Legionarios sino que –según una investigación publicada por el periodista Jason Berry en el National Catholic Reporter– usaba parte de los fondos para conseguir una red de protección en las más altas esferas de la Santa Sede mediante “donaciones oscuras”.

Gracias a esas relaciones logró que en 1965 el papa Pablo VI le otorgara a Los Legionarios de Cristo el “decreto de alabanza”, que significaba el reconocimiento de la congregación en el derecho universal de la Iglesia Católica. En otras palabras, podía expandirse por donde quisiera.

Para entonces El Vaticano –como demostraría la investigación de 2019– ya estaba al tanto de varias denuncias de abusos sexuales perpetrados por Maciel y otros integrantes de la congregación. Para conocer los manejos turbios de dinero no le hacían falta denuncias, ya que parte de los fondos recaudados por los Legionarios iba a parar a Roma.

La llegada del polaco Karol Wojtyla a la jefatura de la Iglesia significó un nuevo empuje para Maciel y sus Legionarios de Cristo. El nuevo Papa lo puso bajo su ala y lo tuvo a su derecha en los viajes que realizó a México en 1979, 1990 y 1993. También en encomendó misiones en Europa y América Latina y lo nombró consultor permanente de la Congregación para el Clero en 1994 y miembro de la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos en 1997.

Cuando el 26 de noviembre de 1994, Maciel cumplió sus cincuenta años como sacerdote, el Papa le envió una carta de felicitación por su labor pastoral. Tres años antes, al cumplirse el medio siglo de existencia de los Legionarios de Cristo, el propio pontífice ordenó 60 nuevos sacerdotes de la congregación en la Basílica de San Pedro.

“Maciel era muy querido por Juan Pablo II, siempre le apoyó. Los Legionarios de Cristo siempre estaban en primera fila. Era un relacionista público nato y repartía dones a muchos cardenales para callar bocas”, explica José Martínez de Velasco, redactor jefe de la agencia EFE para asuntos religiosos y autor de los libros Los Documentos Secretos de los Legionarios de Cristo y Los Legionarios de Cristo.

Mientras tanto las denuncias de abuso sexual se contaban por decenas, pero Wojtyla no vaciló en cuidarle las espaldas a su protegido. “Es una guía eficaz para la juventud”, decía cada vez que le planteaban el tema.

“El Vaticano recibió 240 documentos que evidenciaban que la situación se conocía desde mucho antes. Nuestra denuncia es del año 1988, y mientras Ratzinger (que luego sería el papa Benedicto XVI) estuvo de cardenal, se pasaban esta terrible papa caliente unos a otros, sin tomar ninguna medida. Creo que la Legión tal como la entendíamos debería ser eliminada”, relató el sacerdote Félix Alarcón, miembro de Los Legionarios de Cristo que había sido abusado por Maciel cuando era seminarista.

Hacía años que las máximas jerarquías de la Iglesia estaban al tanto del accionar de Maciel. El diario español El País publicó en 2006 que el fundador de Los Legionarios de Cristo había sido investigado entre octubre de 1956 y febrero de 1959 por encargo del cardenal Alfredo Ottaviani, entonces el gran inquisidor romano.

Casi medio siglo después de aquella investigación –por la que Maciel estuvo suspendido unos meses pero luego repuesto en sus funciones– el jefe de los Legionarios de Cristo seguía impune. La protección de Juan Pablo II durante su extenso papado lo mantuvo a salvo.

En 1997, a través de una carta abierta a Juan Pablo II, ocho exmiembros de Los Legionarios de Cristo acusaron a Maciel de haber abusado sexualmente de ellos y denunciaron que ni la congregación ni otros integrantes de la jerarquía católica los habían atendido hasta el momento.

En su libro Ave Negra, Elena Sada cuenta cómo pudo salir, después de veinte años, del Regnum Christi, la rama femenina de los Legionarios de Cristo y revela cómo operaba Maciel en sus abusos: “Entré muy joven y era muy ingenua. Para abusarnos nos explicaba el privilegio que era para nosotros estar con él y servirlo incluso con el sexo. Les mentía a los niños y les decía que la Santa Sede le había dado permiso para aprovecharse de miembros de la orden”, relata.

“‘No se procesa a un amigo del Papa’, decían cuando lo denunciábamos. En El Vaticano esperaban a que Dios les sacara del atolladero con la muerte de Juan Pablo II o la de Maciel”, dijo en 1999 una de sus víctimas y denunciante, Alejandro Espinosa.

Y fue efectivamente la muerte de Juan Pablo II la que definió el destino de del fundador de los Legionarios. Ya las denuncias de sus incontables víctimas, a las que se unieron más tarde las de las mujeres con las que el sacerdote Maciel había tenido hijos, arreciaron hasta hacerse insoportables para el Vaticano.

Finalmente, debió dejar la dirección de la Legión de Cristo en 2004. Dos años después, en 2006, cuando Ratzinger ya era Papa, le ordenó que se retirara del sacerdocio público para consagrarse a una vida de “oración y penitencia”.

Marcial Maciel Degollado murió de muerte natural el 30 de enero de 2008, pero las prácticas abusivas que imprimió en el accionar de Los Legionarios de Cristo no murieron con él.

El informe preparado por la propia organización en 2019 para tratar de cerrar su negra historia detalla los abusos cometidos por sus sacerdotes y seminaristas. Además del cura Maciel y sus 60 víctimas, otros once sacerdotes abusaron de entre dos y cinco víctimas; cinco cometieron abuso a entre seis y diez menores, un solo cura abusó de 13 niños y adolescentes, nuevo abusaron “repetidamente” de una única víctima, cuatro cometieron abuso en una sola ocasión y dos abusaron por vía virtual (sexting).

En colegios de la Legión de Cristo, 33 niños y adolescentes fueron abusadas por siete sacerdotes que, asegura el informe, debieron dejar la vida sacerdotal pública.

Otras tres víctimas fueron abusadas en parroquias de la congregación por igual número de curas, mientras que en el grupo pastoral juvenil un menor fue abusado por un sacerdote.

De todos los abusadores, hasta hoy uno solo fue condenado. “Los demás no han sido procesados por diversos motivos, como la situación legal en los diversos países o los plazos de prescripción”, explica el informe.

El año pasado, la revelación de los Pandora Papers volvieron a poner a los Legionarios de Cristo en la mira, esta vez por maniobras financieras destinadas a ocultar fondos. De acuerdo con los documentos, tienen fondos de inversión en compañías offshore por unos 295 millones de dólares.

Se trata de dos fondos de inversión llamados Alfa Omega Trust y Salus Trust, radicados en Nueva Zelanda. Como única respuesta, la Legión dio a conocer un comunicado en el que señala: “Estas dos empresas son independientes de nuestra congregación. Nuestro único fondo -explicaron-, es el Retirement and Medical Caritable Trust”, destinado a recibir donaciones para atender la salud de los sacerdotes y personas consagradas, y otros objetivos religiosos y caritativos.

A pesar de los escándalos, Los Legionarios de Cristo han seguido creciendo en el mundo. Hoy tienen 21.300 miembros seglares, 526 consagradas, 63 laicos consagrados, 1.537 legionarios de Cristo y 11.584 miembros adolescentes en una organización llamada el ECYD. En su obra educativa (154 colegios, 5 academias internacionales, 14 universidades civiles y cuatro eclesiásticas), se forman 176.000 alumnos.

En la página web de la congregación puede leerse: “Nuestro lema, ¡Venga tu Reino! expresa el anhelo de que Cristo Reine en el corazón de los hombres, de las familias y de la sociedad. Para ello, colaboramos con otros miembros de la Iglesia y con personas de buena voluntad para que este Reino sea una realidad. En definitiva, queremos hacer todo por el Reino de Cristo a la Gloria de Dios”.

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