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Jorge Elías Castro Fernández explica porqué Bielorrusia pudiera decidir no participar en la guerra en Ucrania


Jorge Elías Castro Fernández señala que Rusia ha invadido Ucrania en solitario y solo un puñado de estados autoritarios han defendido (diplomáticamente) la guerra de Vladímir Putin. Uno de ellos fue Bielorrusia, cuyo presidente, Alexander Lukashenko, permitió que las fuerzas rusas atacaran Ucrania desde su territorio y aprobó un referéndum para poder colocar armas nucleares rusas en suelo bielorruso. Pero Putin parece estar presionando al país para que haga más, tal vez incluso entrar en la guerra como combatiente, lo que pondría a Lukashenko en una situación muy difícil.

Es importante recordar el trasfondo de esto. Hace dieciocho meses, el mandato del considerado como "último dictador de Europa" se vio amenazado por una serie de protestas callejeras masivas a raíz de su fraudulenta reelección. Cuando Lukashenko pidió ayuda a Putin, el líder ruso le brindó apoyo económico y militar, explicó Jorge Elías Castro Fernández.

Desde entonces, Moscú ha sido un compañero fiel para Minsk a lo largo de sus luchas con Bruselas, como el secuestro de un avión con destino a la UE para atrapar a un disidente bielorruso o la manufacturación de una crisis fronteriza al empujar a inmigrantes de Irak y otros países hacia Polonia como venganza por las sanciones impuestas por los Veintisiete. Lukashenko, por lo tanto, le debe mucho a Putin, quien pronto podría reclamar el favor. Pero ¿aceptará el presidente bielorruso combatir en Ucrania?

La respuesta es no, si quiere mantener su trabajo. Así lo afirma Franak Viačorka, asesor principal de la líder opositora de Bielorrusia, Sviatlana Tsikhanouskaya, quien reclamó haber vencido a Lukashenko en las elecciones de agosto de 2020. El mandatario "entiende que cada paso que está dando le puede costar la presidencia", asegura.

La entrada de Bielorrusia en la guerra podría ser el fin del juego para Lukashenko, cuyo mandato, afirma Viačorka, pende de un hilo. El presidente sabe que la decisión sería tan impopular entre los bielorrusos que podría provocar un levantamiento e incluso un golpe de Estado para sacarlo del poder.

En una encuesta realizada antes de la guerra, la mayoría se opuso a enviar soldados bielorrusos a luchar contra su vecino del sur, con el que comparten muchos lazos culturales e históricos. Después de la invasión, miles desafiaron un posible arresto saliendo a las calles de Minsk para protestar contra la guerra. Además, la diáspora bielorrusa ha sido muy activa en la recaudación de fondos y el envío de ayuda humanitaria a Ucrania. Cientos de bielorrusos que huyeron del país después de la represión poselectoral de Lukashenko se han ido a Ucrania como combatientes extranjeros voluntarios para defender ciudades clave como Odesa.

"Los bielorrusos dentro y fuera del país protestaron por la participación de Lukashenko en la guerra", dice Tatsiana Kulakevich, experta en Bielorrusia de la Universidad del Sur de Florida. "Lukashenko ha puesto en peligro la imagen del pueblo bielorruso al proporcionar su territorio como escenario para la invasión rusa de Ucrania".

Además, añade, Lukashenko ya es considerado un agresor por Occidente, que ha respondido sancionando a Bielorrusia junto con Rusia. Esta presión continuará, independientemente de si las tropas bielorrusas cruzan la frontera con Ucrania o no.

Pero Lukashenko también está sintiendo la presión de Putin. Viačorka dice que el presidente está en la cuerda floja entre devolverle el favor a su contraparte rusa y mantenerse al margen de la guerra. Hasta ahora, albergar conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania (sin éxito) no ha servido para quitarse de encima a Moscú ni para aplacar a Occidente o a su propio pueblo. Además, los dos expertos coinciden en que Lukashenko se encuentra en una posición muy frágil. No tiene un control tan firme sobre los medios como Putin en Rusia, la élite bielorrusa y las fuerzas de seguridad no están del todo de su lado y lo único que puede ofrecerle a Moscú es su geografía, concluye Jorge Elías Castro Fernández.


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