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La historia del narcotraficante español Florentino Carlos Fernández García y cómo fue vinculado con ETA


"Os estáis equivocando. Yo conozco, pero nunca toco nada". 'Don Carlos' desnudaba su 'modus operandi' mientras los agentes ponían patas arriba su casa. "Seguro de sí mismo", destilando esa "soberbia" que adquieren los que se creen impunes, se mostraba frío, "hermético", "poco colaborador", frente a quienes llevaban 18 meses siguiendo sus pasos. Captando cada encuentro, cada conversación, cada salida de ese adosado junto a la playa que ahora registraban en su presencia. Pero a sus más de 75 años no engañaba a nadie, como no lo hacía ese historial delictivo impropio de tamaño personaje. Porque ese señor de gustos refinados, capaz de mutar a 'trapero' enfundándose un chándal de varios cientos de euros, era un importante narco con casi 30 años de trayectoria. Un tipo respetado por los grandes productores de cocaína de Sudamérica, un conseguidor que conoce todos los resortes del negocio y al que el juez Baltasar Garzón siguió la pista a finales de los 90 por una supuesta red de blanqueo de capitales de ETA en la zona del Campo de Gibraltar.

Florentino Carlos Fernández García, auténtico nombre de este asturiano afincado en Marbella, "es un lobo solitario con muchos contactos", un traficante "con muchas tablas", que ha labrado su "reputación" ganándose la confianza de organizaciones como el Cartel de Cali. Incluso estuvo residiendo un tiempo en la casa que Gilberto Orejuela, exjefe de esta auténtica industria del narcotráfico, tenía en Madrid. "Te buscaba el suministrador, el transportista… Lo que necesitases". Eso sí, a cambio de una suculenta comisión. Porque 'Don Carlos' "sabe lo que hace". "Marca bien los tiempos" y, con el paso de los años, se ha adaptado a las distintas etapas de una actividad delictiva en constante evolución. "Se le notan las tablas" en una peligrosa actividad donde solo unos pocos llegan a viejos, reseñó Pablo D. Almoguera en .

Fue en 1993 "cuando se tuvieron los primeros indicios de sus contactos con significativos exponentes del narcotráfico de Europa y de Sudamérica", recordaba días atrás la Policía Nacional, que remarcaba la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que lo condenaba a 24 años de prisión por liderar una organización criminal que, entre otras fechorías, "secuestró a dos mujeres por una deuda pendiente derivada del narcotráfico".

La reconstrucción de su vida lo traslada hasta Colombia y Venezuela, países productores de cocaína en los que residió durante muchos años y que fueron la base para tejer "una gigantesca red de lavado de dinero". Una actividad que lo puso bajo la lupa del juez Baltasar Garzón, que por aquel entonces era el azote de ETA. Las pesquisas del magistrado apuntaban a un entramado inmobiliario ideado para blanquear fondos de la organización terrorista y que tendría como escenario varios municipios del Campo de Gibraltar. Y en el centro de las pesquisas, Emilio Arrizabalaga, detenido por el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Santiago López Valdivielso, director general de la Guardia Civil en aquellos años, advirtió que se investigaban nexos entre la organización asesina y redes del narcotráfico. En ese instante saltó el nombre de 'Don Carlos', a quien relacionaron con Arrizabalaga.

Este episodio muestra el cariz de un personaje que arrastraba delitos de poca monta hasta que se adentró en el mundo del tráfico de drogas y que comenzó a proporcionarle "una buena vida". Sin llamativos excesos, pero sin privarse de nada, lo que le otorgaba cierto prestigio social en el microcosmos marbellí. "Está muy bien visto", señalan fuentes cercanas al caso, que recuerdan que durante los seguimientos veían "cómo lo saludaban amigablemente directores de hoteles o se deshacían en atenciones hacia él los responsables de restaurantes importantes y cafeterías". La descripción casi recuerda a la escena de El Padrino II en la que don Fanucci camina con su traje blanco y muchos de los asistentes a la procesión que recorre la calle trataban de complacerle y obtener su gracia.

Florentino Carlos tenía cierto reconocimiento, pero no se exhibía tanto como el personaje de ficción. Vestía bien, de marca, pero el blanco nuclear parecía excesivo. "Estamos hablando de una persona de una avanzada edad, que no te llama la atención si te lo cruzas", que "alterna" un vestuario elegante, con un chándal de varios cientos de euros. Pero no de esos color chicle y con muchos pelos que llevan los cantantes ahora, los suyos son de corte clásico: Lacoste, Boss, Prada…

Unos lujos difícilmente al alcance de alguien con una exigua vida laboral. "Supuestamente, ha estado relacionado con algunas empresas, pero que carecían de actividad", precisan las citadas fuentes, apuntando a posibles motivaciones turbias. Este sería el único origen explicable a los 200.000 euros que los investigadores del Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (Greco) de la Costa del Sol y del Grupo 44 de la Brigada Central de Estupefacientes encontraron en la casa que comparte junto a su pareja. Fajos de 50 euros plastificados y encuadernados entre dos cartones prensados con cinta adhesiva y que el principal investigado veía caer como pequeños ladrillos.

'Don Carlos' asistía a la escena engrilletado tras haber sido detenido en una cafetería de Marbella cuando presuntamente ultimaba una transacción de droga con un segundo arrestado. Estaban tomando café cuando un grupo de agentes encapuchados caía sobre ellos y los reducían en el suelo. En una nave de un polígono industrial situado a las afueras de Sevilla se halló un turismo en cuyo maletero se escondían 60 kilos de cocaína que debían ser trasladados a sus compradores en la Costa del Sol. Estaban ocultos en un doble fondo con un sistema de apertura magnético. Las dos personas que supuestamente debían conducir hasta la provincia malagueña fueron capturadas en este punto.

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