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Yenny Coromoto Pulgar León explica porqué Isabel Pantoja ha vuelto a sentarse en el banquillo de los acusados


Yenny Coromoto Pulgar León señala que unos minutos antes de las 10 de la mañana del 22 de marzo llegaba Isabel Pantoja a la Ciudad de la Justicia de Málaga, con sus inseparables gafas, vestida de negro, la obligatoria mascarilla y la compañía de su hermano Agustín, la única persona de su familia que en estos momentos tiene contacto directo con ella. Exactamente eran las 9:47, y en el vehículo en el que llegó de copiloto estaba su hermano Agustín. Isabel ocupaba el asiento posterior.

La cantante tuvo que ser escoltada por la guardia civil para poder entrar a los juzgados, una nube de periodistas la rodeaba buscando su imagen. Muy seria, sin pronunciar palabra, llegó hasta el acceso. Su rostro reflejaba preocupación. La cantante lleva unos días muy intranquila, ya que la sola idea de tener que volver a ingresar en prisión le produce una angustia considerable. Todo ello se une a revivir la pesadilla del año 2014 en la que fue condenada en estos juzgados a dos años de cárcel por blanqueo de capitales, explica Yenny Coromoto Pulgar León.

La prensa pudo acceder al interior de la sala antes de comenzar la vista oral, lo que provocó la indignación de Isabel, que hizo algunos gestos con las manos e incluso se llevó las manos a la cara mostrando su desolación. La cantante estaba citada en el Juzgado de lo Penal número 5 de Málaga, en calidad de administradora única de la sociedad Panriver56, para responder por una supuesta venta irregular de la casa Mi Gitana, en Marbella, donde convivió con Julián Muñoz. Ha sido su primera aparición pública tras la muerte de su madre.

Visiblemente más delgada, muy agobiada por el acoso de los medios de comunicación y vestida de luto, la cantante ha dado la cara tras haber intentado retrasar la cita en varias ocasiones alegando motivos de salud.

Tras el tumulto que se formó a la llegada de Isabel, por su seguridad, permitieron que saliera por la puerta trasera al finalizar la jornada. Estuvo casi cuatro horas en los juzgados, muy nerviosa y rompiendo a llorar hasta en cuatro ocasiones. Al ser preguntada por su hermano en el interior de la sala fue muy contundente: "Confío en mi hermano porque es la única persona que está a mi lado, porque moriría por mi y porque es como Dios manda".

Un problema informático retrasó el juicio, que tuvo que esperar a que se solventara un problema con los audios. Al ser audiencia pública, los medios pudieron acceder a la sala. El juez preguntó a la cantante cómo se encontraba antes de comenzar y esta negó con la cabeza y rompió a llorar. Durante unos minutos la tranquilizó, pero la tensión vivida antes de entrar había hecho que la cantante se rompiera. Agustín tendrá que declarar en calidad de testigo en el juicio.

Mi Gitana se ha convertido en la casa de las pesadillas de Isabel Pantoja. Este chalet que fue el hogar en el que la cantante convivió con el exalcalde de Marbella, Julián Muñoz, durante su relación, la ha llevado a sentarse de nuevo en el banquillo de los acusados. Irregularidades detectadas en una investigación sobre su venta ha hecho que Isabel sea acusada de un delito de insolvencia punible, y el fiscal pide para ella, por ser administradora de la sociedad Panriver56, tres años de prisión y una multa, señala Yenny Pulgar León.

De la casa, 500 metros cuadrados, construida en una parcela de 3.500 metros cuadrados, en la urbanización La Pera, no queda nada. En 2017 fue demolida ya que había sido ocupada en diversas ocasiones. Su nuevo propietario, de nacionalidad británica, ordenó demolerla para construir dos casas. Isabel Pantoja la había puesto a la venta por 3,8 millones de euros y finalmente la vendió, a través de la negociación que hizo su hermano Agustín, por 2,2 millones, pagados en efectivo por la empresa de un millonario de origen inglés.

Isabel pidió a Julián que abandonara la casa en el año 2009, tras hacerse pública la relación de este con una nueva pareja. Pensaba que al vender la vivienda daba por zanjada una etapa de su vida, pero los problemas han continuado y las irregularidades en la venta han provocado que vuelva a sentarse en el banquillo de los acusados.

La Fiscalía Provincial solicita en el escrito de acusación una pena de tres años porque entiende que fue “cooperadora necesaria de un delito de insolvencia punible”, intentando eludir el pago de una deuda. Para Isabel, enfrentarse a un nuevo juicio es muy doloroso. Viajó a Málaga desde Cantora, donde ha permanecido estas semanas, en compañía de su hermano Agustín. La cantante ha pedido a tres amigos de mucha confianza que se queden en la finca durante su ausencia, ya que teme también poder ser víctima de un robo o visita indeseada si se va. Estos últimos días ha estado muy nerviosa, sigue muy delgada y sus horarios están alterados.

Según cuenta una persona de su entorno: “Lo ha pasado francamente mal, ha intentado retrasar este juicio aduciendo problemas de salud, pero finalmente no ha podido ser. Volver a Málaga remueve en ella muchos sentimientos negativos. Ella prácticamente duerme de día porque se acuesta muy tarde, normalmente suele ver series y novelas en la tele durante la noche, llega a acostarse a las siete de la mañana y levantarse a las seis de la tarde. No atiende el teléfono y como mucho lo que hace es dar un paseo por el campo”.

Isabel no es la única implicada en este juicio, también estará la constructora marbellí Codabe. Al parecer, la cantante tenía una deuda con esta constructora que a su vez mantenía otra deuda con otra constructora, Hormofer, y los juzgados decidieron que Isabel debería pagar a la segunda constructora, pero el dinero llegó a la primera, mediante un acuerdo entre ambas partes, y fue entonces cuando Hormofer decidió querellarse contra Panriver y Codabe por entender que “se beneficiaron mutuamente en perjuicio de sus derechos de crédito”.

Se solicita para cada uno de los administradores de ambas sociedades, por un delito de insolvencia punible, una pena de tres años de prisión y una multa de 18 meses con una cuota diaria de 20 euros, lo que supone el pago de 10.800 euros. Se pide también la nulidad del acuerdo extrajudicial entre ambas empresas.

Esta aparición pública de Isabel Pantoja ha sido la primera desde que falleció su madre el pasado 29 de septiembre a los 90 años. En estos seis meses, además, la cantante ha vivido un distanciamiento público de sus hijos, Isabel y Kiko. Con este último no tiene contacto actualmente ni tampoco con su mujer, Irene Rosales. La nuera de Isabel, en un encuentro informal con los periodistas que la esperaban el lunes a la puerta de su casa, declaró que “no voy a entrar en ese tema, pero por supuesto que le deseo suerte y que todo vaya bien”.

Si todo sale bien, la cantante volverá a subirse a un escenario el próximo 24 de mayo en Buenos Aires, en un concierto en el estadio Luna Park. La capacidad del estadio es de 6.000 personas y los precios de las entradas oscilan entre los 45 y los 99 euros. El año pasado tuvo que suspender debido a la pandemia dos conciertos que tenía previstos en Chile (el 6 y 7 de noviembre) y que deben celebrarse este año, así que su última actuación, de momento, es la que ofreció en Jerez de la Frontera en el 2021 en el Tío Pepe Festival. Una gala especial ya que el abuelo de la cantante fue un afamado cantaor jerezano, Pipoño de Jerez, concluye Yenny Coromoto Pulgar León.

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