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Fiscal general española Dolores Delgado y exjuez Baltasar Garzón pueden ya formalizar legalmente su relación tras completar proceso de divorcio de sus anteriores parejas


Una pareja en el aeropuerto de Barajas hace fila para embarcar hacia Colombia. Él va andando y ella en silla de ruedas (solo llaman la atención por ese detalle), van con más gente. Es viernes y hay muchos pasajeros buscando su destino, no se esconden ni tienen por qué, a pesar de que son conscientes de ser reconocidos por algunos pasajeros porque sus rostros son habituales en los telediarios. Son el exjuez Baltasar Garzón y la fiscal general del Estado, Dolores Delgado. Es 8 de abril y el viaje se produce poco antes de que la exministra tenga que ser intervenida quirúrgicamente para extirparle un quiste sinovial que le comprimía dos vértebras lumbares. Son, más allá de todo, una familia.

La de Garzón y Delgado ha sido una historia de amor (y poder, por qué no decirlo) capaz de superar todos los obstáculos. Se conocieron en el año 1993, cuando empezaron a trabajar juntos en la Audiencia Nacional de Madrid. Delgado había ganado por oposición una plaza de fiscal en 1989, pero había desarrollado su carrera en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y en la Fiscalía Especial Antidroga. En el 93 fue destinada a la Audiencia Nacional, donde empezó a trabajar codo con codo con el juez Baltasar Garzón, entonces magistrado del Juzgado Central de Instrucción n.º 5 de la Audiencia, reseñó C. Villar en Vanitatis, El Confidencial.

El compañerismo y la admiración iniciales dieron paso pronto a una amistad. La noticia de su relación alimentaba los cenáculos del poder aunque solo se pronunciaba a media voz. Los dos protagonistas se hicieron íntimos, comían a menudo juntos cerca del trabajo y también participaban en viajes y cacerías como aquella que tuvo lugar en Jaén en el año 2009 y que le costó la dimisión al ministro Mariano Fernández Bermejo. En 2018, 'LOC' publicó que la entonces ministra de Justicia se había separado de su marido. Pero no fue hasta el año 2020, con unas fotos de Garzón y Delgado de escapada en Roma, cuando se hizo oficial la relación a ojos del público tras años de rumores.

Desde entonces, la pareja emprendió el camino de 'normalizar' su relación, informar a sus familias de su situación sentimental e iniciar una nueva etapa en sus vidas. Paralelamente, se llevó a cabo el inevitable proceso del divorcio de sus respectivas parejas. Este trámite ha escrito en los últimos meses su epílogo con el reparto del patrimonio de la fiscal y su ya exmarido, el último fleco legal que quedaba por resolver.

Cuando se conocieron, ambos estaban casados y sus respectivos matrimonios parecían inquebrantables. Baltasar Garzón se casó en el año 1980 con una bioquímica granadina llamada Rosario Molina. En 'Garzón, el hombre que vio amanecer', la periodista Pilar Urbano narraba cómo se conocieron cuando Garzón tenía 17 años y aún era seminarista. Fue en una fiesta de fin de año en 1973. “Unos compañeros de curso me dijeron que Yayo y sus amigas salían con chicos, que iban a tomar copas y a bailar. Pensé que era una mujer moderna, liberal. Imaginé que estaría solicitadísima y que nunca me haría caso”. Garzón se enamoró de ella porque vio “a una mujer, no a una cría. Era resuelta, determinada, con personalidad, con temple. Sabía lo que quería, no era voluble, no cambiaba de un día para otro”.

Al parecer, Rosario "tuvo que darle un empujoncito" para que él se lanzara, pero finalmente la cosa cuajó. Se casaron tras un largo noviazgo y tuvieron tres hijos. Durante mucho tiempo, como la propia Yayo decía a los periodistas, Garzón y ella fueron "como una sola persona". Molina dejó su labor académica para dedicarse a la familia y vivió junto al juez los sinsabores de su labor judicial, la amenaza terrorista y los embistes mediáticos, hasta que llegó la noticia de la separación.

Dicen que le costó aceptarlo, pero finalmente asumió los hechos consumados. La sociedad conyugal entre el antiguo magistrado y su exmujer se liquidó a mediados de 2021. En el reparto de sus bienes, a Molina le correspondió quedarse con la casa familiar de Pozuelo de Alarcón, un lugar antaño fuertemente custodiado por la guardia civil (como recuerdan los vecinos) y que más de una vez fue allanado por 'desconocidos'.

Dolores Delgado también ha cerrado ya el capítulo anterior de su vida. La fiscal conoció a su exmarido, Jordi Valls Capell, mientras vivía en Cataluña. Delgado se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y preparó las oposiciones a fiscal mientras trabajaba como bibliotecaria en un bufete de abogados. En 1986 se casó con Valls, un hombre con un currículo de infarto (además de cotizado fotógrafo) que fue escalando profesionalmente hasta convertirse en un ejecutivo brillante. Desde 2008 forma parte de la cúpula directiva de El Corte Inglés.

En el artículo de 'LOC' donde se hablaba de la separación de la exministra, en 2018, fuentes de su entorno aducían que la pareja ya vivía separada desde que en 2017 sus responsabilidades laborales llevaran a Valls a instalar su residencia en Barcelona. "Según sus allegados, ambos tienen personalidades dispares: mientras Dolores es una mujer apasionada y con muchas ganas de vivir, Valls es un hombre templado y dotado del famoso seny catalán", publicaban. Lo cierto es que, según ha podido saber Vanitatis, ese mismo año, en primavera, el matrimonio se había comprado a medias un bonito (y carísimo) piso en el Madrid más aristocrático del que hablaban con sus amigos "con mucha ilusión".

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