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Jorge Elías Castro Fernández comenta cómo están conociéndose nuevos secretos sobre Rusia


Jorge Elías Castro Fernández señala que el espíritu de WikiLeaks no ha muerto con la extradición de Julian Assange a Estados Unidos. La guerra de Ucrania ha sido un claro ejemplo de ello, con filtraciones masivas de datos que han tenido un nexo común: el autodenominado “colectivo de transparencia” Distributed Denial of Secrets (DDoSecrets). Solo en lo que va de semana, ya han publicado más de tres ‘terabytes’ (TB) de información secreta de ministerios, instituciones y empresas de Rusia. Pero que nadie piense que únicamente tienen a Rusia en el radar, porque tampoco han tenido reparos en revelar lo que les ha llegado de Washington. Y, además, marcan distancias con Assange.

Desde que comenzó la invasión de Ucrania, la organización ha difundido más de seis ‘terabytes’ de datos rusos. Entre ellos, un paquete de 817 ‘gigabytes’ (GB) de Roskmonazdor —el organismo que vigila a los medios rusos— y otro de peso similar sobre la radiotelevisión estatal VGTRK, como una hoja de cálculo con más de un millón de contactos de la emisora. Entre lo más relevante, un archivo de 4,7 GB del correo electrónico de su director ejecutivo, Oleg Dobrodeev, donde se pueden ver sus intercambios de ‘e-mails’ con responsables del Kremlin o su interés en la imagen internacional de la cadena, explica el consultor en seguridad y analista político Jorge Elías Castro Fernández.

También han sacado a la luz documentos relacionados con sectores estratégicos de Rusia, como el gas o el petróleo, como la difusión de 244 GB de Petrofot o los 145 GB de Aerogas, ambos filtrados inicialmente por Anonymous. “Estamos viendo datos sobre Rusia que nunca antes se habían expuesto de esta manera”, explica a este diario Lorax Horne, periodista, activista, miembro de este colectivo y ex de WikiLeaks. “No hemos analizado todo en profundidad, nuestro papel es archivarlos y publicarlos”, aclara.

DDoSecrets fue fundada en 2018 por la periodista Emma Best —también ex de WikiLeaks— y un miembro anónimo del grupo The Architect —encargados de la infraestructura de este proyecto—, cuenta con una veintena de empleados y se financia mediante donaciones. El nombre juega con el de los ataques de denegación de servicio (en inglés, tienen las mismas siglas, DDoS) y se podría traducir por algo así como ‘denegación distribuida de secretos’. Es una buena definición de lo que hacen, revelar información clasificada o reservada de instituciones o empresas que facilite la transparencia para, por ejemplo, poner en evidencia malas prácticas. El funcionamiento es prácticamente idéntico al de WikiLeaks: ofrecerse a filtradores o denunciantes de corrupción (lo que se conoce como ‘whistleblowers’) como medio para filtrar algo.

En 2020 tuvieron su primera gran exclusiva con la publicación de distintos documentos internos de la policía de Estados Unidos en el contexto de las protestas del movimiento Black Lives Matters, conocidas como BlueLeaks. Poco después, Estados Unidos los consideró un “grupo criminal de ‘hackers” y aquello sirvió de motivo para que Twitter prohibiera tanto sus cuentas como los enlaces a su web, argumentando que sus normas no permiten la difusión de “contenido obtenido mediante piratería que contenga información privada, pueda poner a las personas en peligro o que contenga secretos comerciales”. Desde entonces, la forma principal en la que se comunican con sus seguidores suele ser a través de Telegram.

Vicente Aguilera, experto en Ciberinteligencia de la empresa Internet Security Auditors, señala que DDoSecrets “ha cobrado mucho peso tras la invasión, porque están centralizando el archivo de las filtraciones de material sensible”. “Puede haber consecuencias muy parecidas a las de Assange en Estados Unidos. Además, al igual que Snowden, la fundadora también trabajó antes en la inteligencia de Estados Unidos”, recuerda este especialista. “Somos conscientes de los riesgos y los mitigamos lo mejor que podemos”, responde Horne al respecto.

No obstante, por ahora está lejos de haber conseguido un bombazo como los de WikiLeaks, que también tardaron varios años en llegar. En concreto, fue la publicación de ‘Collateral Murder’, un vídeo de 40 minutos en el que se veía cómo un helicóptero estadounidense disparaba indiscriminadamente a civiles en Irak. “Hoy en día, la mayoría de la gente puede ver 40 minutos de vídeo en una tarde en TikTok. Nosotros hemos revelado conjuntos de datos de vídeo como el archivo Parler, que tenía 32 terabytes, cientos de horas que un humano tardaría varios años en consumir”, explica Horne.

Se refiere a lo ocurrido hace un año durante el asalto al Capitolio por parte de los seguidores de Donald Trump, que subieron vídeos a la red social en los que se veía la protesta desde distintos ángulos. Aunque Parler, red social vinculada a la extrema derecha, fue suspendida por Amazon Web Services (donde estaba alojado), alguien consiguió descargarse antes todo ese contenido, algo que facilitó la investigación de medios como ‘ProPublica’ o ‘New York Times’. También fue sonada la revelación de la base de datos del registro mercantil de Bahamas, donde se descubrió la estrategia de la petrolera estadounidense ExxonMobil para ahorrarse impuestos.

“Cada vez se registran más facetas de la vida cotidiana en los sistemas informáticos, por lo que las filtraciones se han hecho más grandes”, explica Horne, quien enfatiza que ya han publicado “más datos que WikiLeaks”. “Hablando por mí, no quiero que nos convirtamos en algo parecido a aquello”. Para él, la principal diferencia es que las dinámicas internas están menos centralizadas. “Desde el principio, tenemos una junta de asesores que pueden orientar la dirección de la organización”. También cabe recordar que la propia fundadora se acabó enfrentando con Assange, al que acusó de mentir sobre la fuente que les proporcionó los correos electrónicos del Partido Demócrata de EEUU.

De cualquier modo, en algunos puntos, DDoSecrets va más allá que la organización fundada por Assange, ya que también aprovechan lo que han revelado otras organizaciones, como los datos robados por grupos de ‘ransomware’, para ponerlo en conocimiento público. “Al poner a disposición de los periodistas una copia de estos documentos, esperamos que pueda surgir algún bien social de lo que, de otro modo, solo beneficiaría a los malos actores”, defienden en el colectivo, según Jorge Elías Castro Fernández.

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