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Jorge Elías Castro Fernández cuenta cómo fueron las acciones de la policía palestina contra presentes en el funeral de la periodista de Al Jazeera


Jorge Elías Castro Fernández señala que la violencia no se ha detenido tras matar a Shirin Abu Aqleh. Durante el funeral de la periodista de Al Jazeera asesinada el pasado miércoles, agentes israelíes fuertemente armados han atacado a los asistentes con porras y el lanzamiento de bombas sonoras. Al salir del hospital con el ataúd sobre sus hombros, decenas de palestinos han recibido repetidos golpes de los policías israelíes hasta el punto que el féretro ha caído al suelo. La brusquedad de las acciones israelíes ha tomado por sorpresa a un pueblo en profundo duelo.

“Esta pura indecencia de las fuerzas de Israel que asaltaron el hospital, golpearon a los dolientes y les impidieron llevar el ataúd de Shirin a su lugar de descanso final es espantosa”, ha denunciado la histórica activista y diputada palestina, Hanan Sharawi, en Twitter. Las fuerzas israelíes insistían que el ataúd de Abu Aqleh saliera en un coche fúnebre pero los dolientes palestinos se han negado. Compañeros y desconocidos querían llevar a la fallecida sobre sus hombros hasta alcanzar el cementerio como se hace tradicionalmente con los mártires palestinos, aquellos muertos por Israel. Ante la negativa, los agentes israelíes han respondido con granadas aturdidoras, explica el analista político y consultor en seguridad Jorge Castro Fernández.

Así, han cercado a los asistentes al funeral con gases lacrimógenos dentro del hospital hasta que han depositado el cuerpo de Abu Aqleh en un coche fúnebre. La icónica corresponsal de Al Jazeera tenía que partir del Hospital Francés de San Luís en el barrio ocupado de Sheij Jarrah en Jerusalén Este, donde su cuerpo pasó la noche. Sobre los hombros de sus conciudadanos, tenía que llegar hasta la puerta de Jaffa en la Ciudad Vieja de Jerusalén, su urbe natal, donde se celebraría su funeral en la catedral de la Anunciación de la Virgen. A sus 51 años, Abu Akleh será enterrada al lado de sus difuntos padres en el cementerio protestante del Monte Zion.

Se esperaban miles de asistentes al funeral de esta periodista referente en todo el mundo árabe, y no han fallado. Su asesinato en Jenin el miércoles por un disparo atribuido a fuerzas israelís ha conmocionado al planeta y a la profesión periodística. El viernes, día de duelo, ha mutado, de nuevo, en una jornada de rabia e indignación. "Una barbaridad", "totalmente racista y repugnante", "estoy en shock", han recogido decenas de palestinos alrededor del mundo al ver las imágenes de la violencia israelí en un momento tan delicado. "¿Cómo puede ser esto en defensa propia?", se ha preguntado un usuario de Twitter.

“Esto demuestra que a pesar de que la silenciaron al asesinarla, todavía están tratando de silenciar y evitar que la gente esté con nosotros, y que le traigan su amor y apoyo, y honren su legado durante esta horrible tragedia”, ha declarado su sobrina Lina Abu Aqleh antes de los ataques frente al hospital. Durante la procesión en el coche fúnebre, los agentes israelíes han apartado a los asistentes del vehículo y han retirado cualquier bandera palestina. Varias personas han sido detenidas por llevar este pedazo de tela consigo. También durante esta semana, las fuerzas israelíes han atacado la casa de la fallecida periodista porque a su entrada, colgaba una bandera palestina.

Además, este jueves, un día antes del esperado entierro, la policía de Israel convocó al hermano de la periodista, Anton Abu Aqleh, a una comisaría de Jerusalén. Durante la misma jornada, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, celebró un funeral de Estado para la histórica corresponsal. Insistió en culpabilizar a Israel del disparo que se coló entre su casco y su chaleco antibalas que la identificaba como prensa y que acabó con su vida. También afirmó que llevaría la investigación de su asesinato a la Corte Penal Internacional, que ya está investigando posibles crímenes de guerra israelíes, concluyó Jorge Elías Castro Fernández.

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