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Manuel Malaver: Tres truhanes excluídos de la Cumbre de las Américas

Por Manuel Malaver | Opinión

Maduro, Díaz-Canel y Ortega no serán invitados a la próxima “Cumbre de Las Américas” que tendrá lugar en junio en Los Ángeles, California y que se espera aborde problemas de urgencia para el Continente como el cambio climático, la crisis migratoria, la lucha contra el narcotráfico y el fortalecimiento de la libertad y la democracia.

Una agenda donde era imposible que participaran tres dictadores responsables de la destrucción de sus países, y muy en especial, el primero, Maduro, quién sucedió a Hugo Chávez para trasmutar a Venezuela, de uno de los países más prósperos, con mayor bienestar e igualdad en la región, en otro que ha pasado a emblematizar en el globo cómo puede destruirse en poco tiempo una sociedad si se estatiza siguiendo las pautas que trazaron Marx y Engels.

Es otro horror de la persistencia de Fidel Castro y del “Foro de Sao Paulo” de transformar la América del Sur en la “tierra prometida” del paraíso socialista perdido con la caída del Muro de Berlín y el colapso del Imperio Soviético, de modo que la utopía socialista pudiera regresar reformada, reactualizada y recargada.

En estos devaneos se encontraron a comienzos de los 90 con el teniente coronel venezolano, Hugo Chávez, quien venía de fracasar el 4 de febrero de 1992 de una intentona golpista contra el gobierno democrático del presidente, Carlos Andrés Pérez, y de conjunto, el gerentócrata cubano, la organización que había fundado con el líder laborista brasileño, Lula da Silva y el oficial de baja graduación de la FAN venezolana, enhebraron una nueva versión socialista, “El Socialismo del Siglo XXI”, cuyo mascarón de proa fue un partido político electoralista y con el que llevaron a Chávez a la presidencia de Venezuela el 8 de diciembre de 1998.

Han pasado 22 años de estos sucesos y sería ingenuo, si no mezquino, negar el sacudón, el quiebre de inflexión que introdujeron en la tendencia que, desde el “Consenso de Washington” (1992), daba por liquidado el socialismo en América, Europa y el mundo y que el filósofo de la historia norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, bautizó como “el fin de la historia”.

Por el contrario, Chávez, Fidel Castro y el “Foro de Sao Paulo”, para el 2002, promovieron, financiaron y apalancaron la candidatura de Lula da Silva para la presidencia de Brasil y lo lograron, un año después le tocó el turno al peronista radical, Néstor Kirchner, quien resultó electo presidente de Argentina, siguieron catapultando a Evo Morales (líder cocalero) a la presidencia de Bolivia en el 2006 y remataron con otros de sus pupilos, Rafael Correa, alzándose con la presidemcia de Ecuador en el 2007 y Daniel Ortega con la de Nicaragua en el 2009.

Milagro que jamás habría sucedido sin la riqueza petrolera venezolana y, en especial, sin el boom de los precios del crudo de 2004-2008 (que se elevaron de 30 dólares b/d a 128 b/d) permitiéndole al teniente coronel, Chávez, tanto atornillar su gobierno con un audaz plan de políticas sociales y una escandalosa corrupción y financiar cuanto político o partido socialista aparecía en el panorama con posibilidades de ganar elecciones y ascender a la presidencia.

Pero si hasta los tres artífices de la resurrección del socialismo pensaron en avanzar con una nueva “Guerra Fría” cuyo objetivo central era desbancar el imperialismo norteamericano y así, crearon una nueva CAN, la UNASUR, se dirigieron a dar cuentas de la OEA con la CELAC y ya pensaban en una fuerzas armadas regionales que enfrentarían militarmente los EEUU, cuando se desplomaron los precios del petróleo, los gobiernos socialistas sin el financiamiento de Chávez también empezaron a caer y el mismo Chávez murió en marzo del 2013 de un cáncer de pelvis.

Casi el fin de la historia de la restauración del socialismo marxista en tierras de América, pues sin los petrodólares capitalistas que aportaba Chávez vía los precios altos de petróleo, desaparecieron como por arte de magia los regímenes de Lula, los Kirchner, Correa y Evo Morales, quedando reducidos los “restauradores”, a la dictadura cubana que le legó Fidel a su hermano Raúl y este a Diaz-Canel y que ya cuenta 62 años, Chávez a Maduro que ya van por los 22 y Ortega que ya alcanza los 13, pero que promete con las sucesiones dinásticas que le seguirán, pasar de los 100.

Son tres dictaduras empobrecidas, literalmenre un montón de ruinas y escombros, porque, como era de suponer, entre Chávez y Maduro destruyeron la industria petrolera venezolana (la tercera de la región) y las exportaciones de crudo se redujeron de 3.00.000 b/d a 500.000 b/d, y las arcas venezolanas ya, no solo no pueden estar subsidiando gobiernos clientes, sino atender sus urgencias cotidianas e inmediatas.

Es la muestra del fracaso económico y político del socialismo como no llegaron a prever ni siquiera sus feroces críticos de la Escuela Austriaca, quienes creyeron que si el socialismo se establecía en un país con la acumulación de capital primitiva resuelta -como podía ser una renta de la tierra- , podía reflotar y mantenerse por un tiempo más o menos largo, con los presupuestos de la administración al día.

Y sin embargo, aquí está Venezuela, con la industria petrolera destruida, la economía agricola y ganadera convertida en rastrojos y el resto de las empresas que se crearon para exportar los bienes de las minas de hierro y aluminio trasformadas en ruinas y vendidas como chatarra.

Pero lo insólito es que las tres dictaduras que han sobrevido a la catástrofe venezolana no han cedido una brizna en el control represivo de sus países y, muy al contrario, puede afirmarse que, mientras más se revela el fracaso del socialismo como sistema político y económico, más agudizan la represión.

Prisioneros políticos, torturas, persecuciones y negativas a aprobar reformas constitucionales que progresivamente conduzcan a aceptar un establecimiento de partidos políticos con alternabilidad en el gobierno a través de elecciones libres, son derechos humanos a los que no pueden aspirar cubanos, venezolanos y nicaraguenses que día a día languidecen en una sociedad cerrada donde solo algunos militantes y funcionarios de los partidos gobernantes pueden aspirar a medio vivir.

En otras palabras que, todas las ventajas, beneficios, lujos y obscena riqueza que por diversos medios llegan a las élites -entre otros el narcotráfico-son acaparados con todo el cinismo que se pueda imaginar y exhibido para que la comunidad democrática se entere que con los dictadores socialistas no hay quien pueda.

Pero sin que les sea posible evitar que dentro y fuera de sus países la lucha por derrocarlos no conozca tregua, sea capaz de todos los sacrificios y se dirige a que más temprano que tarde Maduro, Díaz-Canel y Ortega vayan a dar con sus huesos a la cárcel…o a otro sitio.

También crece la solidaridad y el apoyo internacional y prueba de ello es la medida del presidente de EEUU, Joe Biden, de no permitir la entrada de estos impresentables en la Cumbre de Las Américas.

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