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Manuel Malaver: Santos, la mano que mece la cuna | Colombia

Por Manuel Malaver | Opinión

Creo que después de Gustavo Petro, Juan Manuel Santos ha sido el segundo “petrista” más sorprendido y confundido por los resultados de las pasadas elecciones, y en las cuales, no solo el candidato “socialista” no ganó sino tendrá que vérselas en la segunda vuelta con un contendor outsider y populista de derecha como Rodolfo Hernández.

En otras palabras, que el punteador en todos los sondeos que se publicaron hasta horas antes de los comicios, fue sacado de sus casillas por los conteos que dieron a una ficha de la antipolítica, a un ingeniero constructor sin partido ni participación destacada en la siempre rugiente política colombiana, la posibilidad de arrebatarle la presidencia neogranadina de entre los dientes.

Como también tuvo que resultar estremecido su mentor y gerente de primer rango en el esfuerzo de atraer tanto respaldos, como los cuantiosos recursos que, bien en efectivo, transferencias y criptodinero llegaron desde las arcas del “Globalismo” para nutrir la campaña del exlíder del M-19, Juan Manuel Santos.

Recordemos que el hoy directivo de la “Rockfeller Fundatión” y primer operador de George Soros en Colombia y la región, es un fanático de Petro desde que lo usó como cómplice para maquinar y ejecutar su traición contra Álvaro Uribe, furiosamente convencido de que el exalcalde de Bogotá calza los puntos para aspirar a la sucesión de héroes como Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán y en capacidad de entender y promover la combinación de “socialismo clásico” con “agresividad tecnológica”, que son las instrucciones que están bajando de las corporaciones que se agrupan en el Foro de Davos y, muy en especial, de Fondos como “Black Rock” y “Vanguard”, financistas de iniciativas como la legalización del aborto, la ideología de género, el cambio climático y la sustitución de los combustibles fósiles por “energías verdes y limpias” como paradigmas motores del “Nuevo Orden Mundial” y de la legalización de la cocaína, cuya siembra, refinación y distribución pasaría a estar controlada por factores del “Crimen Internacional Organizado”, y muy en especial por el “Grupo Internacional de Crisis” de Soros, convirtiéndola en el sustituto perfecto del negocio petrolero que, según la “Agenda 30-30” del Foro de Davos, debería desaparecer en las próximas décadas.

Objetivos que en los casos de Colombia y Sudamérica pudieron avanzar con más velocidad si el candidato a vencer en la segunda vuelta era Federico Gutiérrez, “Fico” y no Rodolfo Hernández, pues el exalcalde de Medellín, no solo es un centroderechista con vinculaciones y apoyos del uribismo, sino que cumplía con los requisitos curriculares para que un izquierdista de vieja data, violento, parlamentario y denunciador de oficio como Petro, lo desguazara.

Es, en muchos sentidos, trasladar la agenda que promueve Santos desde Nueva York, Davos o Bruselas, a Bogotá, la propuesta de que Colombia debe tener un gobierno que sea una extensión del “Acuerdo de Paz”, para que se lleven a cabo las políticas a las que se han opuesto Duque y Uribe y Petro, Santos, las FARC, Díaz Canel, Maduro y George Soros puedan proclamar que después de 55 años el difunto Marulanda y sus “mans” han ganado la guerra civil en Colombia.

Pero saltó la liebre y el contendor para enfrentar a Petro no es “Fico” sino Rodolfo Hernández, un populista de derecha folklórico, como sacado de la letra de un vallenato de los 50, y al cual puede acusarse de todo, menos de uribista, ni de corrupto, ni de “falso positivo”, pues si ha acumulado 78 años y una fortuna que algunos dicen puede llegar a los 50 millones de dólares, parece que ha sido de manera más o menos limpia, pues hasta ahora ningún tribunal lo ha acusado de hechos ilícitos, salvo denuncias de participar en un entramado de corrupción que no ha concluido en nada.

Además, es ingeniero constructor y habla y gesticula como un campesino del Valle del Cauca o de alguna aldea del Magdalena medio, por más que nació en Bucaramanga y con un habla santanderiana de “fina estampa”, también podría pasar como venezolano del Táchira o del “Arauca vibrador”.

Hueso duro de roer este bumangués que ya se alzó con 5.938.885 votos ( 28.20 por ciento), cuando todas las encuestas lo colocaban en un tercer lugar muy lejos de Petro o “Fico” y aparece arrastrando este caudal de votos que, por supuesto, no es de la “petrista” Bogotá y mucho menos de la “fiquista” Medellín.

Datos que tientan a pensar que es posible que una Colombia silenciosa, cansada de una guerra civil no declarada que dura 55 años, cuya solución es un “Acuerdo de Paz” liderado desde La Habana de los Castro y la Caracas de Chávez y Maduro y financiado por las corporaciones globalistas interesados en la legalización de la cocaína, que deja todo igual pues lo que hace es trasladar el reparto del país del Putumayo y el Catatumbo a Bogotá y Cartagena, mientras la solución de los problemas que el país necesita enfrentar para aprovechar y desarrollar sus inmensas capacidades productivas y exportadoras permanecen atascadas y devoradas por un establecimiento político que no alcanza nunca la paz porque su negocio es la guerra.

“Colombia es un país de desarrollo medio con todos los climas y ambientes” escribía recientemente en su blog el sociólogo y politólogo cubano, Carlos Alberto Montaner. “Tiene decenas de universidades, pero solo dos están incluidas en los informes de tres rankings más prestigiosos de cuantos existen: La Universidad de Los Andes y la Universidad Nacional. El resto gradúa profesionales muy competentes, pero hacen poca investigación. Colombia elabora unos 60.000 objetos de los que el país consume habitualmente”.

Y es de esa Colombia de la que los 5 millones de electores que sufragaron por Rodolfo Hernández quieren que se ocupen los políticos, algunos como Álvaro Uribe e Iván Duque empeñados en sanearla de la corrupción y el bandidaje pero otros como Juan Manuel Santos y Gustavo Petro lanzados en no sacarla de la confrontación de clases y partidos y la conquista de una justicia social que solo pueden lograr el respeto a la propiedad privada, las libertades y la productividad que proporciona la inversión, la competencia y la tecnología.

Claro, hay grandes problemas en Colombia, quizá como no los tiene ningún país de América Latina, trancas, cuellos de botella de los que no se ocupan ninguno de los políticos que firmaron el “Acuerdo de Paz” y sin duda que el más importante y urgente a acometer es su conversión en el primer país productor y exportador de cocaína de la región.

Se trata de un cráter del nadie habla y el año pasado la producción alcanzó las 1453 toneladas, sobre una extensión de cultivos en 300.000 hectáreas y una rentabilidad neta de 90.000 millones de dólares anuales.

En otras palabras, que con un agujero negro de esta extensión no hay política económica liberal, ni “socialismo tecnológico” que se le enfrente, porque todo, a fin de cuentas, es subsumido y subvertido por los barones que en el Putumayo, en el Catatumbo, en el Valle del Cauca y en todo Nariño pueden penetrar partidos, congresos, elecciones, fiscalías y “Acuerdos de Paz”.

“Estamos produciendo la droga” afirmaba recientemente el Diplomático y Consultor de Políticas Globales, Omar Bula Escobar, en el programa “La barbería” de William Calderón “con la cual ya Ecuador se convirtió en un exportador de cocaína, Venezuela se convirtió en un narcoestado y todo el Caribe y Centroamérica sostienen sus presupuestos con recursos del narcotráfico. Cuando nos enteramos hace pocos días que el gramo de cocaína se estaba cotizando en Dubai y Australia a 300 dólares y que en Bangladés se había detenido un barco con un cargamento de 15 toneladas de cocaína rumbo a China, caemos en cuenta porque el “Internacional Crisis Grup”, que representa los intereses de George Soros en Bruselas, está tan interesado en la legalización de la cocaína”.

Pero más allá de esta información, la realidad es que gobiernos vienen, gobierno van, gobiernos se quedan, y el crecimientos de los cultivos, de la refinación de coca, crecen exponencialmente, mientras las políticas de laicización e impunidad frente a los delincuentes están generando que ya la Costa Pacífica, el Valle del Cauca, el Putumayo y el Catatumbo, parecieran a hacen parte de una Colombia con un gobierno y autoridades distintas a las de Bogotá.

Pero hay otros problemas que debería enfrentar Rodolfo Hernández de resultar electo el presidente de está Colombia emergente, como es el problema de la tenencia de la tierra, que aún para un país suramericano y andino mantiene niveles de latifundismo anacrónico alarmantes, como es que el 90 por ciento de las tierras cultivables pertenezca solo a un 10 por ciento de hacendados.

La gran pregunta es: ¿pero podrá un presidente outsider, folklórico, populista, no derechista ni izquierdista sino de la economía global, mezcla de Juan Vicente Gómez con Laureno Gómez, el “Monstruo”, poner orden, introducir cambios, en el país que Montaner llama “el tema más delicado de América Latina”, recuperarlo para la legalidad y la productividad sana y expansiva?

Podría responder “SI” si creyera que aún existe la Colombia del “Frente Nacional” de comienzos de los 60 del siglo pasado y no esta que ha visto pasar por su presidencia a políticos como Ernesto Samper y Juan Manuel Santos cuya capacidad de intriga, zamarrería e hipocresía no figura ni siquiera en el catálogo del realismo mágico de García Márquez.

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