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Jorge Elías Castro Fernández explica el impacto que ha tenido la guerra en Ucrania para la flota blindada rusa


Jorge Elías Castro Fernández señala que, tras seis meses cumplidos de guerra en Ucrania, el gran problema al que se enfrentan las tropas rusas es el de reponer las enormes pérdidas materiales que están sufriendo. Dicho claro, se están quedando sin efectivos. Para solucionar esto y darle un empujón a su estancada ofensiva, Putin está recurriendo a medidas extremas, como tirar de sus reservas de blindados y volver a sacar fantásticos proyectos. Se habla de miles de unidades y nuevos portaaviones, pero ¿qué hay de cierto y qué de propaganda?

Que Rusia está teniendo enormes pérdidas de hombres y material es una realidad, pero que el tamaño de su Ejército y la desproporción de fuerzas respecto a Ucrania van a hacer muy difícil que pierda esta guerra, desde un punto de vista exclusivamente militar, no es menos cierto. Otra cuestión son las consecuencias políticas, económicas e incluso sociales que, para Moscú y su mandatario, pueda tener el hecho de que se hayan producido tantas bajas y de que se haya generado semejante 'roto' en su entramado militar, explica el analista político y consultor en seguridad Jorge Castro Fernández.

Putin tiene encima de la mesa varios problemas. Muchos enlazan con las cuestiones anteriores, pero los problemas militares son más difíciles de gestionar y ahora mismo se centran en uno: reponer los efectivos perdidos.

Que el Ejército ruso era de una dimensión enorme, ya se sabía. Ha podido sorprender —o decepcionar— el desempeño de mandos o unidades, la calidad de su material o su doctrina, pero sigue siendo un ejército imponente. Si nos centramos en las fuerzas terrestres, en 2021 Rusia alineaba unos desmesurados medios acorazados. Cerca de 3.000 carros de combate, unos 5.000 IFV o vehículos de combate de infantería, como la familia BMP, unos 3.000 transportes blindados (tipo MT-LB) y unos 1.700 blindados de ruedas, familia BRDM. Impresionante.

Teniendo en cuenta las cifras estimadas en aquel despliegue militar sin precedentes —que, visto ahora, sabemos que no fue sino la antesala de su 'operación militar especial'—, más todo lo que se ha ido involucrando en los combates, podemos hablar de que cerca de dos tercios de sus fuerzas han quedado, de alguna manera, comprometidos en Ucrania. Pensar en esa proporción de dos tercios no es descabellada cuando muchos analistas y fuentes de Inteligencia —occidental, es cierto— han llegado a estimar esa proporción en el 70%. Que un ejército cualquiera, sobre todo el de Rusia, con tantos kilómetros de fronteras y un territorio tan extenso, involucre ese porcentaje de su poder militar en un conflicto, es emplearse a fondo. Sin matices.

Hablemos ahora de algo polémico, discutible y discutido: las pérdidas. En estos casos y por regla general no hay que fiarse de los datos facilitados por los contendientes. Se exagerarán las del enemigo mientras se minimizarán las propias. Según fuentes ucranianas, sus tropas habrían destruido casi 1.800 carros, lo que es una cifra a todas luces muy exagerada. Mucho más razonable es la que ofrecen analistas OSINT (Open Source Intelligence) o Inteligencia (información) basada en fuentes abiertas o públicas, como es el caso de Oryx, un portal holandés que basa sus estimaciones en un concienzudo análisis de fotografías, con identificación de vehículos y geolocalización. Un verdadero trabajo 'de chinos', pero que da sus frutos.

Según esta fuente, los rusos habrían perdido 970 carros de combate y cerca de 1.800 blindados del resto de tipos. Son también pérdidas abultadas, pero mucho más razonables. De los 970, casi 600 serían del modelo T-72 y habría también T-80 y T-90, de este último tan solo 22. Estas cifras encajan perfectamente con la proporción de estos modelos en el Ejército ruso. Del total inicial de casi 3.000 que hablábamos, poco más de 2.000 serían T-72 en sus diversas versiones (530 de la B3M, la más moderna y potente) y tan solo 180 T-80 BVM y unos 200 T-90, sus blindados punteros. Las cifras encajan. Dos tercios de las pérdidas cuadran con los dos tercios de las existencias iniciales de T-72.

Esto significa que Putin habría perdido en combate un tercio del total de sus grandes blindados en estado operativo, lo que significa que de las fuerzas comprometidas en Ucrania —recordemos, dos tercios del total—, habría dejado en los campos enemigos cerca de la mitad de sus efectivos, algo difícil de digerir para cualquier alto mando ruso y origen del problema: ¿cómo se repone este material?

El volumen de recursos del Ejército ruso, ya lo decíamos, es enorme y esto es un dato muy malo para los ucranianos. Las cifras de carros rusos en reserva o 'almacenados' son apabullantes, casi difíciles de creer. Se estiman en alrededor de 7.000 y algunas fuentes elevan esa cifra a los 10.000, pero la pregunta importante cuya respuesta interesa conocer no es cuántos son, sino cuántos de ellos pueden ser puestos en situación de combate y de qué tipo.

Cualquier material militar —y no militar— no es sencillo ni barato de mantener 'en reserva'. Se supone que ese material debe estar preparado para, con una mínima puesta a punto, volver al servicio activo, y esto dista mucho de las imágenes de esos enormes campos rusos donde cientos de blindados aparecen 'aparcados', a la intemperie y sin preparación alguna. Para tener un vehículo en reserva, se debe poner en marcha de vez en cuando, mantener niveles de líquidos, aceites, etc., o bien vaciarlo de estos elementos y mantenerlo aislado de humedad, corrosión, etc. ¿Cuántos de ellos se encuentran así?

Lo que se estima es que muy pocos se encuentran en una situación real de poder volver a entrar en acción. Los que están a la intemperie y almacenados durante más de 10 años será prácticamente imposible volverlos a poner en servicio. El coste en tiempo y dinero sería injustificado. Habría que reemplazar o desmontar y reacondicionar filtros, depósitos de aceites y combustibles, juntas, equipos electrónicos, etc., por no hablar de partes sensibles como armas, radios, ópticas o blindajes reactivos. Recordemos el caso de España y los famosos Leopard A4 que el Gobierno ofreció a Ucrania. Se trataba de unidades bastante 'tocadas', almacenadas sin preparación y que, a la hora de la verdad, no se pudieron enviar por encontrarse todas en un "estado lamentable".

Según lo anterior, las estimaciones sitúan la cifra que Rusia podría poner en activo en el entorno de entre 2.000 y 4.000 ejemplares. Serían blindados que han estado en hangares y con algún tipo de cuidado y mantenimiento. De ellos, menos de la mitad se podrían alinear en breve plazo y el resto necesitaría una adecuada puesta a punto de variada consideración y alcance. Esta cifra, en caso de necesidad, se podría ampliar en otros 1.000 o 1.500 ejemplares, pero se necesitaría para ello un gran trabajo de puesta a punto.

Por otro lado, está el tema del tipo de carro del que estamos hablando. La mayoría seguirían siendo T-72, con algunos centenares de T-80 y T-90, pero cada vez de versiones más antiguas, lo que significa menos potentes y más vulnerables. Este es el motivo, quizá, de que ahora les estén llegando a los ucranianos armas contracarro menos modernas, como los misiles TOW, de los que Estados Unidos piensa enviar 1.500 unidades. Es un arma de los años setenta, mucho menos eficaz que el famoso Javelin, pero suficiente para batir blindados de generaciones anteriores.

Otra prueba de que se está tirando del fondo de las reservas es que ya han aparecido bastantes ejemplares de T-62 e incluso algún T-64, algunos con cerca de 50 años a sus espaldas, que se pusieron en servicio para enviarse a Siria y de los que habría varios centenares en funcionamiento, la mayoría empleados —hasta ahora— en ejercicios. Utilizar este material desde luego supone una solución desesperada, pues carecen totalmente de equipos modernos como visión nocturna, dirección de tiro eficaz y blindajes adecuados, concluyó Jorge Elías Castro Fernández.

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